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...EL MUNDO HA DE CAMBIAR DE BASE. LOS NADA DE HOY TODO HAN DE SER " ( La Internacional) _________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

8/9/11

ROJOS PENSANTES: Zygmunt Bauman "WIR ARME LEUT"

WIR ARME LEUT (Nosotros los pobres)

Zygmunt Bauman (1) 




Traemos al blog este interesante trabajo de  Zygmunt Bauman  porque su tono y contenido recuerdan y continúan  aquella hermosa reflexión de Kant: “Cuando la injusticia universal es inadmisible, cesan los derechos naturales  de los humildes (…) éstos, por lo tanto, no son sino deudores (…) los superiores no les deben nada (…) por lo tanto a esos superiores se les llama señor gracioso”



« Wir arme Leut”, “nosotros los pobres” , así dice Wozzeck en el primer acto de la Opera de Alan Berg cuando canta en defensa propia  contra las acusaciones de indecencia y de falta de castidad que le lanzan el Capitán y el Doctor, personas instruidas, respetables y de buena posición económica.  Wozzeck no ha vividito a la altura de las normas d de corrección y propiedad que ellos establecieron,  creen seguir , y exigen a los demás que obedezcan y respeten. Al menos eso es lo que han dicho el Capitán y el Doctor. Estos personajes se burlaron de Wozzeck, lo ridiculizaron e injuriaron por ser tan alevosamente distinto de ellos, pecado abominable e imperdonable que se debía a su bajeza, su tosquedad y su vulgaridad. “ arme leut” replica Wozzeck No `podríamos vivir como Vds por mucho que lo intentásemos.  En el juego de los vicios y de las virtudes las reglas fueron establecidas por Vds y por otros como ustedes, y por eso a ustedes les resultan tan fáciles de seguir, sin embargo, les parecerían muy difíciles si fueran pobres como wir , die arme Leute. Cabe destacar que  Wozzeck dice  wir, no ich, ( nosotros, no  yo). En otras palabras “ eso que ustedes me achacan”, podría haber explicado, “ no es mi falta personal. Yo no soy el único que no cumple con la pauta establecida por ustedes. Hay muchos que fracasan igual que yo. Cuando ustedes me censuran a mi , los censuran a todo0s ellos, a todos nosotros”

Ahora bien,  ¿ quienes son esos “ nosotros” que Wozzeck llama a dar testimonio en su defensa?.


SER POBRE ES ESTAR SOLO....

Wozzeck no se refiere a una clase, una raza, una etnia, una fe, una nación, ... a ninguno  de esos grupos comúnmente esgrimidos que se asumen tácitamente como comunidades y lo proclaman a toda voz; grupos que se piensan ( para mejor o pero) unidos: por su  pasado compartido,  su condición presente y su destino futuro, por sus escasas alegrías y sus numerosas penas,. Por sus escasos golpes de suerte y sus numerosos infortunios, grupos que exigen lealtad a sus integrantes,  puesto que nacieron de esa lealtad y sion resucitados a diario por la ininterrumpida dedicación de sus miembros; grupos que esperan de todos sus miembros que compartan la responsabilidad por el bienestar mutuo y combaten jntos el mismo malestar; grupos que saben quienes son miembros ( “uno de nosotros”) y quien no lo es ( que por lo antro es “uno de ellos”), que trazan una frontera entre “ nosotros y “ ellos”, y se esfuerzan conm denuedo por controlar el trafico fronterizo. En la invocación de Wozzeck a wir arme Leut, esa comunidad esta presente solo como un fantasma: presente  a través de su  (lamentable, llorada) ausencia

Pero cabe destacar que lo mas importante en el drama de Georg  Buchner no son las escasas, frugales y ligeras intervenciones de Wozzeck sino sus rara vez rotos, amplios,  copiosos y elocuentes silencios. En las intervenciones de Wozzeck no se invoca a comunidades. Es como si Wozzeck obedeciera al mandamiento de Ludwig Wittgenstein, “ de lo que no se puede hablar, hay que callar”. Acercade la s comunidades, Wozzeck callaba, puesto que no eran, y no son, comunidades de las que pudiera hablar. Y entonces, en su búsqueda desesperada de una disculpa que le permitirá defenderse, invocaba a la arme Leut.  La arme Leut, Los pobres, no formaban  y una comunidad. En lugar de unirlos, la miseria los separa y los divide. Los pobres soportan individualmente sus penas, asi como se les acusa individualmente por sus derrotas y miserias. Cada uno de ellos ha ido a parar a la categoría de arme Leut debido a sus propias faltas individuales, y cada uno de ellos se lame por sus heridas individuales.

Los pobres pueden envidiarse o temerse unos a otros, a veces pueden compadecerse, o incluso, ( aunque no muy frecuente) gustarse mutuamente.  Ninguno de ellos, sin embargo,  podrá alguna vez respetar a otra criatura “ como él”. Si esas otras personas son , en efecto, “ como yo”, seguramente son indignas de respeto y merecen el desprecio y el escarnio....¡ tal como lo merezco yo!. La arme Leut tiene buenas razones para rechazar el respeto y no esperar ser respetada: su Armut, Armichkeit, Armseligket (  pobreza, miseria, humildad)  que dan cuenta de la privación material, condición indudablemente triste y dolorosa, son también marcas indelebles y evidencia vivida d e indignidad y de ofensa social. Son prueba fehaciente de que las autoridades, -las personas con poder para conceder  o denegar derechos- han negado a los pobres los derechos debidos a otros seres humanos, los “ normales” . Y asi dan testimonio ,mediante apoderado,  de la humillación y desprecio de si que inevitablemente siguen a la aceptación social de la propia ignominia y la indignidad personal. Si el único nombre que Wozzeck  podía invocar para referirse a “ otros como yo”, ea arme Leut, entonces, de forma oblicua, a sabiendas  o no, delataba su exclusión de la familia de seres humanos “ normales”. Y también su destierro de las comunidades que conocía, sin una invitación para sumarse a otra y sin perspectivas de ser admitido en ninguna otra.

ENTRE LOS SOLOS....

Si Andreas Kriegenburg, el director de la producción para la temporada 2008 de la Opera Estatal de Baviera, tuviera que rescribir en el idioma de los espectadores las palabras que Wozzeck canta, quizás reemplazaría Wir arme Leut por Wir, die Unterklasse. La Unterklasse ( clase marginal) no es una comunidad,  una categoría. El único atributo que comparten los seres humanos asignados a esa categoría es el estigma de la enajenación, de haber sufrido la exclusión.  Es el estigma de una exclusión total, de todos lo sitios y de todas las situaciones donde se hacen , se negocia,  rehacen o deshacen   todas las otras identidades humanas y sus derechos al reconocimiento. Ser totalmente excluidos por relegación a la “ clase marginal” significa ser despojado de todos los símbolos y sellos socialmente producidos y socialmente aceptados que elevan la mera vida biológica al rango de un ser social y transforman las hordas en comunidades. La clase marginal no es solo una ausencia de comunidad, es la pura imposibilidad de comunidad.  En ultima instancia, ello también significa la imposibilidad d e humanidad, porque solo se ingresa en el genero humano a través de una red de comunidades que se reservan el derecho de adjudicar o aceptar una identidad socialmente legible y respetada.  Como señalo Aristóteles hace casi dos milenios y medio, no se puede ser humano- o bien siendo humano no se puede sobrevivir- fuera de una “ polis”; solo los ángeles o las bestias  pueden existir fuera de una polis,.agregó. probablemente Sócrates compartía esta opinión, porque como no era ángel ni bestia, prefería beber una copa de cicuta a ser desterrado de Atenas.

Sin embargo la clase marginal también es una categoría liminar extrema. Muestra el horrendo páramo adonde conduce el territorio de la exclusión  una vez que s eha ingresado en él. Un páramo mas allá del cual sólo puede haber vacio, un agujero negro y sin fondo. La clase marginal es el vivo retrato de l a nada a l cual el ser humano puede descender, caer o se rempujado,  y el infortunio  que sufre la clase marginal parece irreversible e imparable mas alla de toda esperanza, hasta un punto sin retorno. Un a vez allí no han camino de regreso, porque no hay retorno desde el Hades ,una sola mirada nos enviara otra vez a esa oscuridad intangible, como aprendieron Orfeo y Euridice de la peor manera: la trágica.  Es por esta razón que la clase marginal resulta tan abominable y repelente, por ser como ya observó Bertold Brecht, ein Bote des Ungluck ( un mensajero del infortunio): la clase marginal revela y exhibe de forma brutal una posibilidad espeluznante de la que preferiríamos no estar al tanto. Lo que les ha ocurrido a ellos podría ocurrirle a cualquiera de  nosotros si no hacemos todo lo posible para mantenernos a flote. E incluso si lo hacemos.  Para  el Capitán y el Doctor, Wozzeck es en verdad un mensajero del infortunio y por tal razón cualquier cosa que haga será rebajada y le sera echada en cara. No podemos olvidar el mensaje... pero podemos descargar en el  mensajero  el horror que nos causa. Wizzeck es aterrador.  Y no puede evitarlo porque , incluso si fuera el ser humano más gentil,  conversador y benévolo en lugar de una criatura alicaída, taciturna y amargada,  aun seria aterrador como mensajero de noticias aterradoras.


...TEMIDOS, RESENTIDOS, HUMILLADOS

Lo que horroriza a Wozzeck y su “ calaña”- die  arme Leut- es la “Fatalidad”, de la cual el ha sido tan obviamente una victima.  “ Fatalidad” es el nombre que damos a los acontecimientos que no podemos predecir ni evitar, acontecimientos que no deseábamos ni causamos.  A algo que nos ocurrió que no fuese nuestra intención y mucho menos nuestra creación: un giro de la fotuna que desciende sobre nosotros como el rayo  proverbial.  La “ fatalidad” nos asusta precisamente porque es imprevisible e inevitable. Nos recuerda que  nuestra capacidad de moldear la vida tal como la queremos tiene limites: limites que no podemos cruzar, cosas que no podemos controlar aunque nos desvivamos para intentarlo. “ Fatalidad” es el verdadero epitome de lo Desconocido, de algo que no podemos explicar ni entender,.. y por eso es aterradora. Para citar a Wittgenstein una vez mas, “ entender” significa “ saber como proceder”. Del mismo modo , si ocurre algo que no entendemos, no sabemos que hacer, nos sentimos desdichados, indefensos, impotentes. Sentirse desdichado es humillante en cualquier momento, pero nunca tanto como cuando la “ fatalidad”  golpea individualmente, cuando me toca a mi  mientras los  otros que me rodean sortean la catástrofe y siguen como si nada hubiera pasado. Otras personas, al parecer, lograron emerger sanas y salvas, pero yo he fracasado de forma abominable.  Seguramente estoy haciendo algo mal, algo que abrio las puertas a la catástrofe, que atrajo el desastre enm mi dirección mientras eludía a otros,....que obviamos, son mas inteligentes ,perceptivos e industriosos que yo.

El sentimiento de humillación siempre erosiona la autoestima y la confianza de los humillados, pero nunca de forma tan severa como cuando la humillación se sufre a solas. En estos casos a la herida se le suma el insulto, se conjetura una conexión  intima entre la cruel fatalidad y las fallas individuales de la propia victima. Es por ello que Wozzeck trata con denuedo la “ desindividualizacion” tanto de su miseria como de su ineptitud para convertirlas en apenas un ejemplo del sufrimiento que comparte la multitud  de arme Leut. Quienes lo fustigan  y desprecian  intentan , por el contrario, “ individualizar “ su dolencia. No quieren saber nada de loos pobres- la arme Leut- y de la fatalidad que comparten. Por mucho que Wozzeck se empeñe en desindividualizar su infortunio,. Ellos buscan cargar la responsabilidad en los hombros individuales de Wozzeck. Al hacerlo , quizás logren ahuyentar ( o al menos sofocar por un tiempo) la horrible premonición que ven en la estampa de ese hombre y su desventura ( la  premonición de que les pueda pasar  algo parecido si dan un traspié...) Wozzeck, -insisten a viva voz con la esperanza de silenciar su propia angustia- se ha atraído la mala suerte sobre si mismo. A través de sus accione y omisiones, ha elegido su propia fatalidad. En contraste, nosotros,  sus críticos, hemos elegido una vida diferente, y por eso la miseria de Wozzeck nunca puede llamar a nuestra puerta. Con estos mismos argumentos,  un millonario de la city londinense intentaba hace poco convencer a dos inquisitivos periodistas de que  la disparidad de su riqueza  y l a pobreza de otra gente se debía por entero a causas morales. “ A mucha gente le va bien porque quiere tener éxito y a mucha gente no le va bien porque no quieren tenerlo”  Asi no más, quien quiera que le vaya bien lo logra, quien  no lo  quiere , no lo logra. Todas las dudas, las premoniciones, las punzadas de la ansiedad se aplacan, al menos por un tiempo (  será preciso calmarlas otra vez mañana y pasado mañana) del mismo modo en que los fracasos del fracasado se deben por entero a su deficiencia volitiva, mis logros se deben completamente a mi voluntad y determinación. Así como Wozzeck se ve obligado a esconderse de la fatalidad de la arme Leut para rescatar los últimos  restos de su autoestima, el Capitán y el Doctor se ven obligados a descarnar la fatalidad de Wozzeck hasta dejar solo los huesos de las fallas individuales para rescatar los ultimos restos de la confianza en si mismo,...


¿ Y OCHENTA AÑOS MAS TARDE?

Los descendientes contemporáneos del Capitán y el Doctor, como aquel millonario de la city londinense, se ven obligados a hacer lo mismo, co un n celo y esfuerzo aún mayor. Su celo debe ser mayor porque hoy en día la “ Fatalidad” deambula con una libertad notoriamente mas grande, golpea alanzar y ciobn un efecto mucho mas devastador de lo que parecería hacerlo en tiempos  inmediatamente posteriores a aquella Guerra Mundial que se tomó por una “ guerra para terminar con todas las guerras”( durante un intervalo abominablemente  breve, como pronto saldría a la luz), una guerra que debía conducirnos a tiempos de paz, creciente bienestar,  mas oportunidades y menos miseria para todos. Si la generación de Berg vivió impulsada por el sueño y la esperanza de una inminente seguridad existencial, las generaciones que llenan la Opera Estatal de Baviera en 2008 viven con la convicción de estar inmersas en una inseguridad permanente, de por vida y quizás incurable. En algún sentido enrevesado, las cavilaciones del Capitan y el Doctor han terminado por confirmarse, al menos en el largo plazo: todo parece indicar que la fatalidad se ha privatizado. Golpea a os individuos eludiendo casi siempre a sus vecinos inmediatos. Su itinerario es tan irregular como de costumbre, pero la frecuencia de los golpes se percibe mas regular que nunca ( monótona, incluso rutinaria). Es tal como en el Gran Hermano- presentado oficialmente como un reality show, premisa que suele aceptarse- donde, pase lo que pase,  y sin mas ni mas, uno  de los protagonistas, solo uno, debe ser excluido  del equipo ( expulsado por votación) todas las semanas, mientras que el único enigma a develar es quien habrá de salir durante la semana en curso y a quien le llegara el turno la semana siguiente. La exclusión esta en la naturaleza d e las cosas, es un aspecto inamovible del ser en el mundo, una “ ley de la naturaleza” ,por así decir, y en consecuencia no tiene sentido rebelarse contra lo ue ocurre. La única circunstancia digna de reflexión, de intensa reflexión, les como conjurar la perspectiva de que sea yo el exclusivo. Nadie puede considerarse inmune a la Fatalidad. Nadie puede sentir que tiene un seguro contra la amenaza de ser excluido. La mayoría de nosotros ya ha probado el amargo sabor de la exclusión, o bien ha sospechado que s e vera obligado a hacerlo,... en algún momento aun secreto del futuro.  Al parecer, solo unos pocos de nosotros pueden jurar que son inmunes a la Fatalidad, y nos es licito sospechar que la mayoría de esos pocos,. Algún día, comprobaran que no estaban en lo cierto. Solo unos pocos pueden abrigar la esperanza de no pasar nunca por una experiencia ( ¡ Erlebnis!) similar a la de Wozzeck. Al menos , no ante un aspecto en particular de esa experiencia: qué se siente ante el desaire y la humillación –

Sin embargo, corresponde aclarar que el significado y la causa de la humillación se han alterado desde los tiempos en que Berg compusiera su opera ( y en consecuencia, en algún sentido ha cambiado el significado de la” arme Leute” de  las personas que tiene motivos para quejarse de las privaciones) . En la salvaje competencia individual, incluida la lotería d ela exclusión, hoy ya no esta en juego la supervivencia física( al menos en la parte prospera del planeta, y al menos en el presente y hasta nuevo aviso): no esta en juego la satisfacción de las necesidades biológicas primarias que demanda el instinto de supervivencia. Tampoco esta en juego el derecho   a la autoafirmación, a establecer los objetivos propios y decidir que vidas preferiría uno vivir, puesto que, al contrario,. Se da por  sentado que el ejercicio de esos derechos es un deber de cada individuo. Mas aun, hoy es un axioma que todo lo que le ocurre a un individuo sólo puede ser consecuencia del ejercicio  de esos derechos o bien de un abominable fracaso  en su ejercicio o de una inmoral negativa a ejercerlos. Cualquier cosa que le ocurra a un individuo será interpretada retrospectivamente como una confirmación mas de su  sola e inalienable responsabilidad por su situación individual. Tanto por  las adversidades como por los  triunfos.

Decretados individuos por la historia, ahora se nos alienta a buscar activamente “ reconocimiento social” por lo que ya se ha interpretado a priori como nuestras opciones individuales, a saber, las formas d vida que practicamos como individuos ( ya sea po reelección deliberada o por omisión). El “ reconocimiento social” significa la aceptación, por parte de “ los que importan”, de que la forma de vida practicada por un individuo particular es digna y que por lo tanto el individuo en cuestión merece el respeto debido y normalmente ofrecido a todas las personas decentes, dignas y meritorias.

SOÑAR CON EL RECONOCIMIENTO, TEMER SU DENEGACIÓN,...

La alternativa al reconocimiento social es la denegación de la dignidad, la humillación. En la reciente definición de Dennis Smith, un “ acto  es humillante  si invalida o contradice por la fuerza las  afirmaciones que los individuos particulares (...) hacen acerca de quienes son, donde y cómo se encuadran!”. En otras palabras, si al individuo, de forma explicita o  implícita, se le niega el reconocimiento que él o ella esperaba para la persona que es  y/o  la vida que vive, y si a él o a ella se le niegan los derechos que habría adquirido o habría conservado como consecuencia de ese reconocimiento.  Una persona se siente humillada “ cuando se le demuestra brutalmente, por medio de palabras, acciones o hechos, que no puede ser lo que cree ser(...) Las humillaciones, la exper8iencia de ser derribado, oprimido, refrenado o expelido de forma injusta e irrazonable contra su propia voluntad”.

Esta experiencia engendra resentimiento. En una sociedad de individuos como la nuestra, el dolor, la irascibilidad y el rencor que provocan el sentimiento de humillación son sin duda las variedades mas ponzoñosas e implacables de resentimiento que puede sentir una persona, así como las causas mas comunes y prolíficas de conflicto, disenso, rebelión y sed de venganza. La denegación del  reconocimiento, la negación del respeto y la amenaza de exclusión han reemplazado a la explotación yl a discriminación como las fórmulas mas comúnmente empleadas para explicar y justificar los rencores que los individuos pueden guardar por la sociedad, o bien por los sectores y aspectos d ela sociedad a que están expuestos de manera  directa ( personalmente o a través de los medios  masivos) y que por lo tanto experimentan ( ya sea de primera o de segunda mano).

La vergüenza causada por la humillación engendra desprecio y aversión  por uno mismo, sentimientos que suelen abrumarnos una vez que advertimos cuan débiles somos- impotentes para ser mas exactos- cuando intentamos aferrarnos a la identidad de nuestra elección, a nuestro lugar en la comunidad que respetamos y apreciamos, y a la vida que deseamo0s fervientemente para nosotros ahora y durante largo tiempo por venir: una vez que descubrimos cuan vulnerables e inestables  son nuestros logros pasados, y cuan incierto ha de ser nuestro futuro dada la magnitud de los desafíos que enfrentamos a diario. Esa vergüenza, y por lo tanto también la aversión por uno mismo,  aumentan a medida que se acumulan las pruebas de la propia impotencia,...y a medida que , como resultado, se profundiza en el sentimiento de humillación.

La aversión por uno mismo, no obstante, es un estado terriblemente angustioso e intolerable. La aversión por uno mismo necesita- y busca con desesperación- una válvula de escape, es preciso canalizarla para que salga de nuestro fuero intimo, que de lo contrario corre el riesgo de sufrir daños severos e incluso la destrucción. La cadena que lleva desde la incertidumbre a través de  de los sentimientos de vergüenza, impotencia y humillación, hasta el asco, el aborrecimiento y la aversión por uno mismo, termina entones en la búsqueda de un culpable, “ afuera en el mundo”. Ese alguien, ese desconocido e innombrado, invisible o disfrazado que conspira contra mi ( nuestra ) dignidad y bienestar y me ( nos) hace sufrir ese dolor atroz de la humillación. Necesitamos con urgencia  desubriri y desenmascarar a ese alguien  porque precisamos un blanco contra el cual dar rienda suelta a muestra ira acumulada. Las penas deben ser vengadas,. Aunque esta lejos de ser claro en qué dirección,....Cuando estalla, la aversión por uno mismo golpea en blancos al azar, tal como ocurrió con Wozzeck, y ,por lo general, esos blancos son quienes están mas a mano, aunque no necesariamente los mayores responsables de nuestra caída, nuestra humillación  y nuestra  miseria.

Necesitamos a alguien para odiar porque necesitamos a alguien a quien culpar de nuestra abominable e intolerable condición y de las derrotas que sufrimos cuando intentamos mejorarla y volverla mas segura. Necesitamos a ese alguien con el fin de descargar ( y en consecuencia, con suerte, mitigar) la devastadora sensación de nuestra escasa valía. Para que esta descarga sea exitosa, sin embargo, es preciso que la operación encubra meticulosamente todas las huellas de una vendetta personal. Es imperiosos mantener en secreto el estrecho vinculo entre la percepción del odio que nos causa el blanco elegido y nuestra frustración acumulada. Venga de donde venga el odio, preferimos explicar su  presencia, a quienes nos rodean y a nosotros mismos, por nuestra disposición  a defender las causas buenas y nobles que esos individuos maliciosos y despreciables denigran y amenazan con destruir. Haremos todo lo posible para demostrar que la razón para odiarlos  asi como  nuestra determinación de librarnos de ellos, proceden de nuestro deseo de mantener en pie la sociedad ordenada y civilizada (y  obtienen justificación justamente en él). Insistiremos en que odiamos porque queremos eliminar el odio del mundo.

Quizás contra la  lógica de las cosas, pero sin duda en consonancia con la lógica de las emociones, la clase marginal y otros grupos similares- los refugiados sin techo, los desarraigados, los que “ no pertenecen”, los que buscan a silo sin encontrarlo, los sin papeles- suelen atraer nuestro sentimiento y aversión. Todas estas personas parecen  hechas a la medida de nuestros miedos. Son ilustraciones andantes con el epígrafe dictado por nuestras pesadillas. Son los rastros vivientes /( sedimentos, signos, encarnaciones) de aquellas fuerzas misteriosas, comúnmente llamadas “ globalización”, a las que adjudicamos la amenaza de arrancarnos por la fuerza del lugar amado /( en el país o en la sociedad) para empujarnos a una ruta con escasas o nulas señales de transito y rumbo desconocido. Es cierto que esos seres representan a fuerzas formidables, pero ellos en si son débiles, vencibles con las armas que tenemos a mano. Summa summarun, son ideales para desempeñar el papel de efigie donde podemos quemar a esas fuerzas indómitas e inalcanzables, aunque sea en el cuerpo de un intermediario.

El leitmotiv que compuso Alan Berg, e interpreta Wozzeck con las palabra Wir arme Leut, escritas por George Büchner, pone de relieve la incapacidad de los personajes de esa ópera para trascender la situación en que se encuentran : incapacidad que los personajes en escena comparten con la multitud de espectadores. Los artistas románticos aspiraban a vwer el universo en una gota de agua. Aunque lo s detractores de Wozzeck, asi como el propio Wozzeck, no sean gotas de agua, si hacemos un esfuerzo veremos en ellos, si no el universo, al menos nuestro Lebenswelt,...


(1).-Del programa impreso de la Opera “Wozzeck” de Alban Berg, realizada la temporada 2008-2099 en la Opera Estatal de Baviera. 

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