Los cínicos, esa clase de filósofos perrunos de la historia cultural clásica que decían abiertamente sin miramientos lo que pensaban, y vivían lo que decían con una libertad de comportamiento que subvertía los valores establecidos y las convenciones sociales, eran particularmente crudos y provocadores hacia los ricos. “¿Porqué los ricos dan limosnas a los pobres y no a los filósofos?(1)- le preguntaron en una ocasión a Diógenes- “porque piensan que ellos pueden llegar a ser pobres, cojos o ciegos alguna vez pero nunca filósofos”.
No son los filosofos cínicos gente que se preocupen por la polis y el bien común, antes al contrario, una buena parte de su despiadada critica se dirige contra los compromisos ciudadanos o al menos a la apariencia de compromiso, denunciando lo que de ideológico hay detrás de éstos. Pero si que son unos insolentes atacantes de la desigualdad y la riqueza, Son, para los cínicos, los más ricos y opulentos a los que se les dedica la más sagaz crítica. Los ricos tienen de que llorar, y así les ocurrirá en el otro mundo, porque echaran en falta sus riquezas, mientras que los pobres solo podrán acordarse – y sin nostalgia por lo tanTo, de sus podridos zapatos y sus días de frío.
De Luciano de Samosata ( 125-192) es el siguiente Decreto -imaginado- pero emitido democráticamente, en el mundo de los muertos:
“Pues bien, mientras yo me encontraba en el mundo de los muertos, los prítanos convocaron Asamblea General para tratar asuntos de interés general. Y al ver que eran muchos los que concurrían me colé, como un muerto más, entre quienes acudían a la Asamblea. Empezaron por tratarse diversos asuntos, y finalmente se llegó al tema de los ricos. Y a la vista de que se les inculpaba de múltiples y graves cargos,( atropellos, actos de fanfarronería, actitudes despectivas y otras acciones injustas), se puso en pie uno de los oradores y leyó el siguiente decreto:
DECRETO
Dado que los ricos cometen muchas injusticias durante su vida, actos de saqueo y atropellos, y humillan constantemente y de mil maneras a los pobres, ha parecido bien al Pueblo y al Consejo que, una vez que aquellos mueran, reciban sus cuerpos un castigo idéntico al de los demás canallas. Y que sus almas, devueltas a la vida, se encarnen en cuerpo de burros, y que transporten pesadas cargas mientras son arreados por los pobres. Solo entonces se les dejará morir..
Formuló la propuesta un tal Cranión, hijo de Esqueleton, del distrito Cadaverico de la tribu de los Mojamas. Leído que fue en esos términos el decreto, los arcontes lo sometieron a votación, y el pueblo lo votó a mano alzada”.
(2).- Luciano de Samosata “Dialogos cinicos”.-Alianza 2010