UNA
RELACIÓN PROTEICA
Por
JOSÉ RUBIO CARRACEDO
Universidad de Málaga(*)
INTRODUCCIÓN
La relación Rousseau-Kant,
planteada en el último tercio del siglo XIX conjuntamente por estudiosos
alemanes y franceses, ha provocado una amplísima bibliografía, en la que han
participado también autores británicos e italianos (1), sin que hasta el
momento se haya podido llegar a un acuerdo mínimo ni sobre el alcance preciso
ni sobre la profundidad del influjo del ginebrino sobre Kant. A mi juicio, este
desacuerdo se debe en parte a razones de enfoque y en parte a la ambigüedad del
concepto de influencia.

Para ciertos autores, como Philonenko y, en general,
los británicos, el influjo se mide por las dependencias registradas y
reconocidas por el segundo autor respecto del primero. Para los demás, en
cambio, el concepto de influencia es mucho más amplio e indeterminado: incluye
no sólo las ideas o teorías concretas, sino también la fuerza de inducción de
nuevos horizontes mentales, la sugerencia de ideas y motivos que el autor
influído puede desarrollar de un modo propio e independiente, pero que deben el
impulso inicial y algunas orientaciones generales, al menos, al primero. De
todos modos, resulta incomprensible la opinión de un experto reconocido como A.
Philonenko quien no sólo niega tal relación, sino que presenta a Kant como el
crítico incesante de Rousseau (1968), para pasar a afirmar que el influjo de
Rousseau en Kant es «una fábula», una «pura invención» (1971) y concluir que lo
que sucede es.que Kant «deformó
conscientemente» el pensamiento de Rousseau para acercarlo al suyo (1972) (2).
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Para ciertos autores, como Philonenko y, en general,
los británicos, el influjo se mide por las dependencias registradas y
reconocidas por el segundo autor respecto del primero. Para los demás, en
cambio, el concepto de influencia es mucho más amplio e indeterminado: incluye
no sólo las ideas o teorías concretas, sino también la fuerza de inducción de
nuevos horizontes mentales, la sugerencia de ideas y motivos que el autor
influído puede desarrollar de un modo propio e independiente, pero que deben el
impulso inicial y algunas orientaciones generales, al menos, al primero. De
todos modos, resulta incomprensible la opinión de un experto reconocido como A.
Philonenko quien no sólo niega tal relación, sino que presenta a Kant como el
crítico incesante de Rousseau (1968), para pasar a afirmar que el influjo de
Rousseau en Kant es «una fábula», una «pura invención» (1971) y concluir que lo
que sucede es.que Kant «deformó
conscientemente» el pensamiento de Rousseau para acercarlo al suyo (1972) (2).

