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...EL MUNDO HA DE CAMBIAR DE BASE. LOS NADA DE HOY TODO HAN DE SER " ( La Internacional) _________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
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30/11/20

E L LEGADO FILOSÓFICO DE KARL- OTTO APEL

Adela Cortina

1. El pasado 15 de mayo, en su domicilio de Niedernhausen, cerca de Frankfurt, murió Karl-Otto Apel a los 95 años de edad* 1. Ha sido, a mi juicio, uno de los mejores filósofos de los siglos XX y XXI por su aportación específica al quehacer de la filosofía teórica y práctica. Mi intervención de hoy en el pleno de esta Academia es la primera después de su muerte y he querido dedicarla a recoger sucintamente algunas de las aportaciones esenciales de su legado por dos razones. En primer lugar, por una elemental deuda de gratitud con esa raíz germánica de mi reflexión filosófica, que en el siglo XX se identifica fundamentalmente con la obra de Apel y Habermas, complementando la raíz hispana de Ortega, Zubiri, Aranguren, Marías y Pedro Laín, por mencionar a filósofos ya fallecidos. Y, en segundo lugar, porque considero que la propuesta de Apel es sumamente fecunda para el siglo XXI. Comentar brevemente porqué esa propuesta es valiosa en nuestros días para el pensamiento y la acción creo que es el mejor homenaje que puedo hacerle.


 


Decía Gabriel García Márquez en su autobiografía {Vivirpara contarla) que la vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y como la recuerda para contarla, y yo recuerdo que entré en contacto con la obra de Apel por primera vez en el curso 1977/78, cuando viajé a Munich con una beca del DAAD con el propósito de descubrir alguna ética, situada a la altura de nuestro tiempo, capaz de respaldar filosóficamente la ética de la vida cotidiana que venía gestándose en España desde hacía algún tiempo, la ética cívica propia de un sociedad abierta y moralmente pluralista. La filosofía no podía crearla, pero sí apoyarla con argumentos, dotarle de un marco reflexivo capaz de fundamentarla o, lo que es idéntico, dar razón de ella, obviando el doble escollo del fundamentalismo y el relativismo.

 

 En la Universidad de Valencia en que yo estudié, en el claustro presidido por Luis Vives, hacían imposible una ética semejante las corrientes filosóficas en conflicto: un positivismo romo, incapaz de reconocer racionalidad a cualquier saber que no fuera el de los puros hechos, un marxismo alérgico a cualquier tipo de ética por considerarla pequeñoburguesa, y una escolástica enclaustrada en manuales sin sangre en las venas.

 

En Alemania la vida intelectual era un tanto distinta. También allí andaba en lenguas la “disputa del positivismo en la sociología alemana”, también allí los positivistas negaban objetividad a todo cuanto no se dejara verificar o falsar, incluidos, obviamente, los juicios de valor. Sin embargo, los marxistas empezaban a reconocer que se habían equivocado al rechazar la ética por “pequeñoburguesa” y proliferaban los textos de ética marxista. Por su parte, los racionalistas críticos (Popper y Albert) tomaban la ingeniería fragmentaria como modelo de proceder racional, sin posibilidad de fúndamentación, cayendo en el decisionismo. En ese tiempo de enorme vitalidad filosófica los trabajos de Apel y de Habermas apostaban por una teoría de los intereses del conocimiento y por una teoría consensual de la verdad y la corrección, que abría el camino de una racionalidad práctica.

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