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...EL MUNDO HA DE CAMBIAR DE BASE. LOS NADA DE HOY TODO HAN DE SER " ( La Internacional) _________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

1/12/12

TEMAS REPUBLICANOS: El patriotismo republicano



Por Miguel Angel Domenech

¿Y que otra cosa puede ser la patria
si no el país en que se es ciudadano
 y miembro del poder soberano?” (Robespierre)


Con mucha frecuencia olvidamos  el hecho de que a los hombres les mueven más las pasiones políticas que la razón y por lo tanto prescindimos de  pedir a los filósofos políticos que contribuyan a  fijar un lenguaje  renovado  renunciando a formular y  elaborar argumentos que sean de utilidad en el debate público. Por parte de los teóricos de la izquierda parecería  que apuntar esta advertencia sería o bien  embarcarse en un cinismo propio de los partidarios de una realpolitk o bien adoptar posturas impropias de un individuo pensante serio . Pero, a despecho de este comportamiento, una de las principales tareas de la filosofía política hoy, es que contribuyan a que  los debates políticos teoricos  no se libren  como si lo fuesen entre  agentes hipotéticos, incorpóreos, desapasionados y racionales que hablen lenguajes ideales.  Es como si se pensase que en política  debe estar ausente el pathos, la pasión,  para que sea racionalmente  legitima. Como si,  limitada  el campo de lo racional, todo pathos fuese  patología, en el sentido de enfermedad. Como  si, aceptando la pasión y  reconociendo  que existe,  ésta hubiera de ser  forzosamente  una desviación. Que “hay que tener opiniones y pasiones “ , como decía Montesquieu, todos lo sabemos por haberlo experimentado por poco que nos hayamos implicado atendiendo a  nuestras obligaciones políticas.

Entre las perversiones que mas incurrirían en esta desviación estaría, entonces y según esto, el patriotismo. El patriotismo, se vincularía inevitablemente  y en primer lugar con el nacionalismo, y por lo tanto con todo lo prepolitico: historia, sangre, lengua, nacimiento (natio),… es decir,  lo que no nos pertenece sino que nos viene dado sin nuestra libertad. En segundo lugar, y también inevitablemente, se consideraría como uno de los subproductos  de esa perversión pasional que nunca puede legitimar la opción política. En tercer lugar, se incurriría de inmediato en el anatema de  los trabajadores que  no tenemos patria sino clase. Tres maldiciones pesan, según vemos, en la  sospechosa noción de patriotismo.  

Aquellos que se asignan a si mismos a la izquierda política más radical  y que se nutren con  esta sospecha resultan forzosamente   pasmados cuando se tienen que enfrentar al discurso de sus autores y  protagonistas políticos  clásicos  favoritos y precisamente más radicales. Porque  de  inmediato resulta que el apego a la  patria podía coexistir en estos autores  con el ideal de la república.

Así, en la Francia revolucionaria  los “citoyens” son “enfants de la patrie”, hijos de la patria, tal como su himno lo expresaba, y,   tal como quería Rousseau, esa patria era verdadera “madre”:  

“Que la patrie se montre donc la mère commune des citoyens” (1)

Aun más claramente reaparece con  Robespierre, en cuyo discurso el amor a la patria fundamenta nada menos que la propia democracia popular:

“ ¿Cual es el fundamento del gobierno democrático popular?: la virtud. …esa virtud  que no es otra cosa que el amor a la patria y el amor a las leyes “(2)

Ellos veían – y vivían- que la ciudadanía republicana se alimenta de una “pasión” política, no solo de una razón. ¿Porqué es una pasión, una opción, y no simplemente una deducción  racional? Porque nacía  de una experiencia: la experiencia de ser ciudadano, de construir conjuntamente el  espacio publico, afirmar nuestra humanidad. ( en términos arendtianos) y de tomar  conciencia ,  por esa experiencia precisamente  , que el compromiso político - y nuestra polis con él, -  forma parte del desarrollo de nuestra personalidad y nos implicamos por entero. 

El discurso de Robespierre en que aborda, como si de a misma cosa se tratase,   la virtud republicana y el amor a la patria nos  pone sobre la pista  de que ambas cosas están hechas de la misma madera: la madera de lo político. La izquierda latinoamericana nos ha sorprendido siempre a las izquierdas europeas, al entenderlo esto mejor que nadie:  ¿ Que significa si no el  “ Patria o muerte”  de las revoluciones americanas? Esta “Patria o muerte” nos indica además que el patriotismo no puede quedar reducido a un sentimiento subjetivo propio de sensibles  poetas  sino que es una verdadera “ institución” política.  En Cuba  una consigna de movilización y un cartel en la plaza, en la Revolucion Francesa su himno,…porque el patriotismo, como institución republicana, se construye, se fomenta, se hace por los ciudadanos,  una virtud cívica, una cultura, una institución política  y  no una institución natural como la sangre, o  el nacimiento como  pretenden los nacionalistas  partidarios de la Natio , los nacionalismos étnicos. Ese discurso tan mantenido en las revoluciones latinoamericanas a pesar de nuestra perplejidad, mantiene y continua la lógica del de Pericles en la Oración Fúnebre. En el conocidísimo  texto puesto en boca de Pericles por Tucidides, los muertos que se les rinde un homenaje sirven también de recordatorio de cual es el ethos de la democracia ateniense y -como Castoriadis señala- los atenienses muertos en la lucha han sido verdaderos - dice literalmente Pericles - " enamorados"  ( "erastai")  de la polis. Ese enamoramiento pasional por la patria, por la polis de Atenas , no particulariza  el significado de su lucha, sino que  muy al contrario, para ellos " la tierra entera es su tumba". Cuando nos acercamos con un prejuicio no exento de cierto desdén a las consignas patrióticas de la revolución bolivariana de Chávez y a los innumerables " patria o muerte" chevaristas y castristas, atribuyéndolo con cierta condescendencia a las circunstancias independentistas y anticolonialistas de su singularidad histórica   en realidad, estamos alejándonos de una de las formulaciones mas radicales de la democracia: la democracia de los atenienses. Ellos están mas cerca de Pericles que nosotros.Del mismo modo que están mas cerca de los " citoyens" franceses del proceso revolucionario 1792-94 que eran denominados y se denominaban a si mismos- de manera insistente y habitual en el vocabulario politico- como los " patriotes", contra   los que amenazadoramente se enfrentaba la reacción del interior y del exterior.

Continúa el mismo discurso Robespierre,  por un camino que nos muestra  otra de las claves del patriotismo republicano y que se engarza con lo anteriormente dicho acerca de la expresión  patriótica  de los movimientos revolucionarios latinoamericanos: la igualdad

“Pero como la esencia  de la republica, o de la democracia es la igualdad , se concluye de todo ello que al amor a la patria abarca necesariamente  el amor a la igualdad. Es verdad tambien que ese sentimiento sublime supone la prioridad del interés publico sobre todos los intereses particulares; de lo que resulta que el amor a la patria supone también, o produce, todas las virtudes, pues ¿ acaso son ellas otra cosa  que la fu erza de ánimo que otorgpa la capacidad de hacer tales sacrificios ¿Cómo iba a poder el esclavo de la avaricia y de la ambición, sacrificar  su ídolo por la patria?. (2)

Al vincular  el patriotismo con la virtud cívica, con  el amor a la igualdad,  con el interés general , con el autogobierno soberano del pueblo,  no puede resultar un patriotismo verdadero mas que en democracia y en republica, donde todos son iguales y libres, y no podria existir patriotismo en monarquía porque , en efecto:

“No solo la virtud es el alma de la democracia, sino que tan solo puede existir bajo ese gobierno. En la monarquía, yo no conozco mas que un individuo que pueda amar a la patria, y que por ello mismo no tiene necesidad de virtud: es el monarca. La razón estriba en que, de todos los habitantes de sus estados, el monarca es el único que tiene una patria.¿Acaso  no es él soberano?¿No ocupa el lugar del pueblo? ¿Y que otra cosa puede ser la patria sino el país en que se es ciudadano y miembro del poder soberano?”(2)

Podemos volver nuevamente a Rousseau que continúa el párrafo citado anterior:

“Que la patria se muestre pues como la madre común de todos los ciudadanos, que  las ventajas de las que gozan en su país le hagan quererle, que el gobierno les deje participar en la administración publica para sentirla como propia y que las leyes sean vistas como una garantía de la libertad común. Estos derechos que parecen tan  hermosos, pertenecen a todos los hombres pero, aparentando que no les atacan directamente, la mala voluntad de  los jefes, reduce su efecto hasta  no significar nada.” (1)

En la misma linea  que  Robespierre supo  interpretar tan bien, Rousseau  afirma  que se “ quiere” a la patria cuando se forma parte de lo público como cosa  propia  y cuando  la libertad es común, y advierte que si esto pierde su  significado  es por causa de la oposición que a ese autogobierno hacen los jefes


El discurso del republicanismo clásico e incluso el de su versión más radical, como vemos en Robespierre, nos muestra que existe un patriotismo genuino que no es el basado en la genealogía, la herencia, la tradición, la tierra,  el condicionamiento biológico. Un patriotismo que no esta referido a  un amor por lo que está dado, lo no elegido y heterónomo: lo lingüístico, lo religiosos,  la historia, las condiciones del pasado, la ideologia de un futuro predestinado .Al contrario,  nace  de un acuerdo normativo sobre lo elegido  por nosotros. Este acuerdo surge y se mantiene  precisamente como una emancipación   de  todo aquello que nos obliga contra nuestra voluntad, sea por naturaleza o por voluntad de los poderosos desiguales. Este acuerdo se suelda como una “virtud” moral y una pasion: el “amor a la patria y a las leyes”. El patriotismo republicano está, por lo tanto, en el corazón mismo de lo que es la libertad republicana. La patria, el patriotismo, no puede ser sino referido a  “el país en que uno es ciudadano y miembro del poder soberano”. El patriotismo republicano no puede ser mas que el sentimiento propio  de  ciudadanos, y por nada se define el ciudadano sino por el ejercicio de la soberanía,  por la participación en el gobierno de la ciudad. Como decia nuestro Alonso del Castillo: “por ninguna otra cosa  es averiguado quien sea ciudadano sino por la participación n el poder juzgar y determinar públicamente”(3). En consecuencia la radicalidad que derivaría de un patriotismo republicano sería la de un celo intransigente por el autogobierno. la participación activa en las decisiones y la igualdad como condición necesaria.


A diferencia del nacionalismo, el patriotismo republicano se alimenta de liberación frente a dominación. No es lo mismo el  “llamamiento a la nación alemana” de  un Fichte cuyo fin es afirmar una pertenencia a algo superior que  un   desprendimiento de  algo de donde se libera y emancipa.  Este último es el llamamiento de los sans-culottes, “hijos de la patria” movilizados  contra los tronos y las tiranías europeas para salvar la  revolución y la  república. Es este  un patriotismo de liberación y de independencia de dominaciones ajenas, el de Grecia contra los turcos, los  italianos de Garibaldi contra el imperio y el papado, de Fidel contra el imperialismo. Por cierto, este patriotismo no es ni muchísimo menos por  la  razón de lucro de un nacionalismo hoy de actualidad: porque una Catalunya  independiente se beneficiaria  económicamente y tendría una ventaja que de otra manera no tiene por tener que cargar con el “peso”  de un intercambio económico desfavorable con  el resto del país. Es un nacionalismo cínico  que casi desembarazado de ideología  apenas disimula su sórdida naturaleza  y motivación de beneficio capitalista.

Si contemplamos el asunto desde la perspectiva desde la cual iniciamos este texto, el de la existencia de pathos, de pasiones, en la praxis política,  podríamos decir que el patriotismo es el pathos – la pasión- de las repúblicas, y el nacionalismo, el pathos de las monarquías. Por supuesto que entendiendo monarquía y república como formas de via y constitución de una polis y no como formas de gobierno. Porque  como  decia  G Winstanley : “existe la monarquía de dos formas, como gobierno del rey y como gobierno de los principios regios , y  “donde hay opresión ente semejantes no habrá gobierno de la republica sino gobierno monárquico”.(4) Lo propio del espacio de dominación y desigualdad  monárquico es el nacionalismo, es decir el sentimiento de exclusión  y dominación del otro , de guerra, lo propio del espacio de iguales republicano es el patriotismo. Y de igual manera  que del primero ha de surgir forzosamente las guerras,  la competencia, del segundo nace  la fraternidad.

La distinción entre nacionalismo y patriotismo no es nueva, sino que existe   desde la antigüedad.. En realidad Natio no tenía ni en Grecia ni en Roma  naturaleza politica. En Grecia era el demos, una circunscripción artificial de  la población creada   por el régimen democrático,  la base de identificación ciudadana.  Los romanos, por su parte, empleaban dos términos distintos patria y natio . Patria es un término referido siempre a la res publica,  un modo de vivir derivado de las leyes y la organización política, natio indicaba el lugar de nacimiento unido a la etnia.

Una de las causas del eclipse  aquel sentido republicano del  patriotismo está en la ideologia surgida en los romanticismos del XIX que se alimentaron de todo género de espiritus de la nacion,  raices, genios nacionales, sentidos  y destinos  de las historias de cada pueblo como folk,  ya no como demos. En  aquellas fuentes beberían los irracionalismos fascistas haciendo del patriotismo un nacionalismo como ideología reaccionaria frente al ascenso de la conciencia y movilización de la clases trabajadoras, que no era ese folk  idealizado sino un  demos  políticamente activo.  Asimismo  el nacionalismo, ya desvinculado de su antiguo lazo  de fraternidad con otras republicas,  sirvió ideológicamente para legitimar, desde aquella época también, las políticas de expansión colonial tan necesarias al desarrollo a gran escala de la explotación capitalista.

 Sufrir las consecuencias de esta falsificación es algo   particularmente  entendible  entre nosotros, los españoles, por la experiencia reciente vivida del nacional-catolicismo. Entre los italianos, igualmente victimas de aquella peste brune,- para ellos de color negro  y para nosotros de color azul- la vivencia de la falsificación del patriotismo en nacionalismo, se expresa estupendamente  en lo que  Calamanrei escribía en 1943, después de la caída del fascismo,  palabras que podrían ser de  tantos  españoles que han vivido  los  similares acontecimientos acaecidos en nuestro pais:  

“Una de las culpas mas graves del fascismo ha sido matar el sentido de la patria. El nombre de la patria ha causado repugnancia durante veinte años: esa presuntuosa v vanidad que no sabia hablar de Italia sin añair que todo el mundo miraba haca Roma,  ese tono de  de autoritarismo intimidatorio de teatro de marionetas que se infundía desde los discursos del Duce hasta el locutor de radio, hicieron que cualquier alusión al patriotismo resultase difícil de digerir. Se tenia la sensación de estar ocupados por extranjeros. Esos italianos fascistas que acampaban en nuestro suelo eran extranjeros. Si ellos eran  italianos nosotros no lo éramos.”.(5)

En España a los enemigos del régimen fascista se les llamaba “antipatria”, y  la peor consecuencia de esta descalificación es que, efectivamente, los enemigos de aquella tiranía odiosa, se lo creyeron, aceptando la injuria  , arremetieron contra la patria para desprenderse  del insulto en un algo asi como un infantil y descarado  “ Somos antipatria, ¡a mucha honra!”. En su lugar una madurez reflexiva republicana optaría por denunciar, como León Felipe desde el exilio, a los que nos privaron de todo y hasta nos  robaban la patria misma. En su lugar, una reflexión ilustrada republicana, reivindicaría el patriotismo – no del nacimiento, origen o  imaginario destino común - sino de ese espacio constituido por las  leyes que nos damos nosotros mismos, autogobernados iguales y emancipados de toda dominación.

En aquella España salida de un golpe militar, conglomerado reaccionario  de caciques, señoritos chulos, banqueros y potentados,  fanáticos católicos, militares embrutecidos en derrotas coloniales,  bendecidos todos por la Iglesia y la venganza, el patriotismo fue en efecto, “ el ultimo refugio de los canallas”. Pero fueron muchos los vencidos  que no se dejaron identificar como “canallas” por su patriotismo y basta escuchar la pena de los exilados  ,privados de su patria, a la que “habian matado” : de  Leon Felipe, Garfias, Emilio Prados, Alberti, Guillen, ,Herrera Perete, Blas de Otero, Eugenio de Nora, Valente, ,…la patria cuyo recuerdo obsesivo  “envenenaba  los  sueños” de Cernuda . la patria que  hacia clamar a  Cesar Vallejo: “ si la madre España cae, -digo es un decir- salid niños del mundo, id a buscarla”, la patria perdida de Machado  que muere nada mas probar el exilio .(6)Patriotas exiliados por  haberse atrevido  a concebir la patria como un lugar donde no debía “ararse el feudo del señor y servir al rey” como expresaba León Felipe.

Es comprensible que el patriotismo así enfocado – el que llega a decir que un Estado despótico no es tu patria por no ser la ciudad en que todos pueden vivir libres-  no tenga un surgimiento espontáneo. No procede de vinculación natural sino de conciencia  reflexiva. Siendo el patriotismo, como la virtud civica republicana, algo que se hace y no que se tiene , ya no es una actitud automática e irreflexiva, no pertenece enteramente a lo afectivo-emocional, llega a ser mas controlada que automática, tiene a ser una acción  mas cercana a  las de tipo racional orientadas a fines o a valores ,  por expresarlo desde la perspectiva de la conocida  topología del significado de las acciones de  Weber.

Que la patria, no sea una Natio, y que por lo tanto patriotismo no se encuentra en nacionalismo, lo sabían muy bien los atenienses de la democracia. Su polis no era un lugar, ni una tierra, ni una sangre, sino los hombres, las instituciones democráticas, sus leyes. Como Tucidides lo expresa: “andres gar polis”, “la polis son los hombres”, el cuerpo de los ciudadanos bajo las leyes que se otorgan. Como lo cuenta Herodoto(7),cuando Temistocles, antes de la batalla de Salamina, hace desplazar a la poblacion de los atenienses a la isla de Salamina, dice que están dispuestos a fundar Atenas en otro sitio. Esto a pesar de la fuerte  conciencia de los atenienses de ser “autóctonos”, es decir “nacidos de la tierra”.  Quiere decir, que aun existiendo un componente territorial en la polis, no es ese territorio quien la define esencialmente sino la colectividad política de los ciudadanos. La polis no se encuentra entre las murallas ni definida por las  fronteras sino por los ciudadanos y sus leyes.  Por esa misma razón para Heráclaito “deben defenderse las leyes mas que a las murallas”.Pero aún asi, ser un apolis, un sin-patria, un a-patrida, era una desgracia propia de un  desterrado vagabundo como Edipo errante, o alguien que había cometido un exceso de hybris, un desmedido, según lo califica la antistrofa 2ª de la Antigona de Sófocles, a quien debe privársele de ciudad  y de patria por esa desmesura. En ese famosos stásimo de Antigona  se exalta la naturaleza  extraordinaria del hombre:  “ Andan por ahí  infinidad de cosas formidables, pero ninguna mas formidable que el hombre…”(8). Para ese hombre - capaz de  transformar todo lo que encuentra, mares, tierras, naturaleza,  crear lenguaje y leyes, …- existe el riesgoo de la desmesura, y Sofocles  echa mano para calificar esa disposición humana al exceso soberbio, de la figura de quien  pasa por encima de la polis y no  comparte la ciudadanía. El apátrida es un delincuente de la soberbia  al mismo tiempo que serlo es un castigo por algún exceso. En la misma linea ateniense , el excesivo y peligroso protagonismo politico , en tanto que riesgo para la democracia, podira se rcastigado con el ostracismo  .  No poseer patria o perderla, no querer polis,  o ser rechazado por ella,  era la maldición propia de lo soberbio, lo desmesurado, lo tiránico, lo que debia de ser rechazado y expulsado  en democracia.
 

No otra cosa es, sino la práctica gestual y simbólica de ese patriotismo emancipador, lo que hacemos cuando asistimos a las manifestaciones publicas exhibiendo nuestras banderas rojas, tricolores, y vistiendo camisetas y emblemas de orgullosa reivindicación. Entonces, no rechazamos el ejercicio de un patriotismo republicano. 

El patriotismo además sufre de la persecución de un cosmopolitismo alejado de la realidad.  Es  Hanna Arendt, muy acertadamente, la que nos señala que  el drama de los apatridas es, y ha sido históricamente, que sus derechos humanos no están protegidos,  o lo están de manera limitada,  frágil y precaria. Y que nadie está seguro  si no goza de plena ciudadanía y  de la protección de una comunidad jurídica. Como ella misma apunta:

“Se suponía (...) que los derechos humanos eran independientes de todos los gobiernos, pero sucedió  que en el momento en que los seres humanos crecieron de gobierno propio y tuvieron que acudir a sus derechos, ninguna autoridad quedó para protegerlos y ninguna autoridad quiso garantizarlos” (9)

Para el nacionalismo , yo pertenezco a una colectividad , para el patriotismo liberal existe  una colectividad que me pertenece, para el patriotismo republicano existe  y construimos una colectividad   que nos pertenece. 

La apelación al cosmopolitismo estoico del “ciudadano del mundo” no puede evitar, incluso para definir su universalismo desencarnado, utilizar la  expresión  “ciudadano”, miembro  cualificado de una ciudad, aunque su ámbito sea cuantitativamente extenso, el de la ciudad ideal  llamada mundo.  Otro tanto sucede con “los proletarios no tenemos patria”. Es una puesta en valor de la patria por medio de su negativo. En efecto, lo proletarios son los desposeídos de todo, incluido de patria, Su situación es la peor, la más injusta, la de “los parias- los apatridas- de la tierra”. Esos “nada de hoy”, sin patria, de la Internacional,  “todo han de ser”, incluyendo la patria. El internacionalismo proletario no debe interpretarse como un equivalente a un  neoestoicismo cosmopolita,   como  muchas veces se hace,   sino como una demanda   que  pretende y provoca  un  vuelco de todo el sistema  general de dominación siendo  una situación de carácter universal y no solamente una reivindicación  corporativa o  circunstancial de un contexto local o de un cuerpo social. El kosmopolités , el ciudadano del cosmos, - helenista  e imperial- oponía la filosofía explicadora de su actitud frente a un  desordenado caos. Un caos de dioses, costumbres, sofistas,  opiniones,  ciudades, opuesto  a un cosmos ordenado de Imperio, Dios único, Verdad, Providencia y  su desarrollo en la Historia con sentido, un cosmos  de  “cosmo-visiones” explicativas  sistemáticas. El sometimiento de todo  lo  particular a una realidad más extensa que comparte la lucidez del cielo de las Ideas.  El filósofo cosmopolita  es un eliminador de la diversidad adversa. En ese  cosmopolitismo  universal contrario a las patrias de las polis fue donde llegó a  alojarse con más comodidad el cristianismo  y  fue al mismo tiempo un apoyo del reino único de un Papa y  una Iglesia. No tener patria deriva en una sola patria no solo moral sino institucionalmente  omnipotente. El sentido cosmopolita y su filosofia, con la promesa de eliminar el caos de las circunstancias elevándose  a grandes vistas panorámicas de lo Absoluto  pagó el precio de contribuir a las formaciones politicas imperiales..

Moraleja: el espacio dejado  vacío por la desaparición de la patria la ocupan fácilmente  la nación y el  imperio.

La oposición tenaz a toda forma de apelación a una comunidad, es como una prohibición a decir “nosotros” .A los seres racionales, por el hecho de serlo, no nos esta vedado decir “nosotros”. Al contrario, lo decimos   precisamente porque la  racionalidad  humana es intersubjetiva. Y esta intersubjetividad  no nos aboca forzosamente a particularismos sino a pluralismo. A la pregunta ¿quienes somos?  cada uno tiene una forma diferente de decir nosotros ,  definiendo  cada forma de decir nosotros una comunidad diferente. A esa pregunta, no es el cosmopolitismo a ultranza la única respuesta. El planteamiento mas consecuentemente  cosmopolita exigiría  una comprensión plural  y viceversa  porque  al decir “nosotros los”, estamos apuntando a la Comunidad comprensiva de todos los que dicen “nosotros”(10) y viceversa, nuevamente. . Un auténtico cosmopolitismo debe ser un cosmopolitismo de ida y vuelta. 

Donde se sitúe espacialmente  e institucionalmente esa  patria republicana  es otra cuestión. Que la república  objeto de nuestra pasión patriótica republicana   no haya de ser forzosamente un Estado, ni   Estado-nación también es cierto. Precisamente la historia de Temístocles nos pone sobre la pista: la polis no es el Estado- institución separada de la colectividad como un ente técnicamente, organizativamente y jurídicamente distinto -, sino la colectividad misma. Pero el objeto de la pasión patriótica  tendrá que  ser república, es decir un cuerpo moral  autogobernado por sus componentes , de iguales,  y sin ninguna tiranía heterónoma ni interna ni externa.

 Quizás la republica que es la patria se identifique más bien con una “polis” que  debe ser y  no con la “polis” que es. Seriamos así patriotas de la “polis” (republica) de libres e iguales que haya de resultar de nuestra acción emancipadora. No que deba encaminarse a ningun “destino” providencial determinado por una historia  protagonista cargada de  sentido, sino  que resultará de nuestro propio protagonisno humano actuando para crear el espacio común  que deberá ser  libre para ciudadanos libres. Pero el anticipo de esa futura republica  -de la que tenemos esperanza y nos proponemos-  puede darse en la polis que vamos construyendo y que temporalmente y provisionalmente  tenemos a mano. (¿El estado-nación, la región, la ciudad,…?) El patriotismo republicano sería por lo tanto un patriotismo de futuro, anticipado -por  impaciencia y esperanza revolucionarias,- en la comunidad política que por ahora tenemos a mano.

En definitiva creo que es equivocado rechazar un patriotismo, republicano- no nacionalista- como una respuesta políticamente valida para hoy. y que patriotismo republicano puede  romper la alternativa viciosa de  tener que optar o por   nacionalismo étnico o por  ninguna  patria. 

Los republicanos no podemos caer en la trampa que nos tienden los  nacionalismos   de renunciar a nuestro patriotismo para adoptarles a ellos.

……………….


Asi lo ve Maurizio Viroli de cuyo texto:   EL  SENTIDO OLVIDADO DEL PATRIOTISMO REPUBLICANO (11) extraemos  a continuación , a la manera de ilustración, las citas extensas siguientes:


“ 1.-Rasgos esenciales del patriotismo republicano:


Para los teóricos republicanos clásicos, y sobre todo para los romanos, el amor de la patria es una pasión. De forma más precisa: se trata de un amor generoso y compasivo por la república (caritas reipublicae) y por sus ciudadanos (caritas civium). (…)

Hasta cuando el amor por la patria respeta los principios de la justicia y de la razón, y, por tanto, es denominado amor racional («amor rationalis»), tal como dijo Remigio de Girolami, se trata del afecto por una república particular y por unos ciudadanos particulares que nos son queridos porque compartimos con ellos cosas importantes: las leyes, la libertad, el foro, el senado, las plazas públicas, los amigos, los enemigos, la memoria de las victorias y el recuerdo de las derrotas, las esperanzas, los miedos. Es una pasión que crece entre ciudadanos iguales y no el resultado del consentimiento racional otorgado a los principios políticos de la república en general. Puesto que es una pasión se traduce en acción, y de forma más precisa, en actos de servicio al bien común (officium) y de cuidado (cultus) (…)

Debe tenerse en cuenta que para los teóricos republicanos la caritas reipublicae es una pasión revitalizadora que impele a los ciudadanos a ejercer los deberes de la ciudadanía y que proporciona a los gobernantes la fuerza precisa para acometer las duras tareas necesarias para la defensa, o la institución, de la libertad (…)

Para los teóricos republicanos la república es un ordenamiento político y una forma de vida. Esto es, una cultura. Para describir el amor del pueblo por sus instituciones republicanas y por la forma de vida basada en ellas, Maquiavelo habla, por ejemplo, de amor al «vivere libero». Otros republicanos de su tiempo definieron la república como «un tipo de forma de vida de la ciudad» («una certa vita della città», Brucioli, 1982, p. 112).

Desde luego, el patriotismo republicano tiene una dimensión cultural, pero es primariamente una pasión política basada en la experiencia de la ciudadanía, no en elementos prepolíticos comunes derivados del haber nacido en el mismo territorio, pertenecer a la misma raza, hablar la misma lengua, adorar a los mismos dioses o tener las mismas costumbres. Significa esto que el argumento de que el patriotismo republicano no es una respuesta intelectual válida para las cuestiones contemporáneas de la ciudadanía democrática porque «un credo político es insuficiente» . está completamente equivocado, ya que el patriotismo republicano no descansa en un credo puramente político.

Los autores latinos tenían muy clara la distinción entre los valores políticos y los valores culturales de la república y los valores no políticos de la nacionalidad. De hecho, utilizaban dos palabras diferentes: patria y nati . Cuál de las dos se consideraba más importante resulta bastante obvio. Los lazos de la ciudadanía, como dijo Cicerón en De Officiis (I.17.53) son más próximos y más dignos que los lazos de la natio. 

Esta distinción y esta jerarquía fueron reiteradas por los teóricos posteriores. En la Encyclopédie (vol. XII, p. 178), por ejemplo, leemos que Patrie, no significa el lugar en el que hemos nacido, como cree la concepción vulgar. Por el contrario, significa «estado libre» (état libre) del que somos miembros y cuyas leyes protegen nuestra libertad y nuestra felicidad (notre liberté et notre bonheur).Para el autor de la entrada, el término patrie es sinónimo de república y libertad, como lo era para Maquiavelo y para los escritores políticos republicanos. Bajo el yugo del despotismo no hay patrie, por la razón muy obvia de que bajo el gobierno despótico los súbditos carecen de protección y están excluidos, precisamente como si fueran extranjeros (ibid.). Siguiendo los pasos de Montesquieu, el autor observa que «aquellos que viven bajo el despotismo Orient al, donde no se conoce otra ley que los gustos del soberano, otra máxima que la adoración de sus caprichos, otro principio de gobierno que el terror, donde nadie ni ninguna fortuna está a salvo, no tienen una patria y ni siquiera conocen su nombre, que es expresión verdadera de felicidad .

Esto significa que el lugar común de que la Ilustración era antipatriótica es un error de bulto. Los philosophes no eran nacionalistas, pero desde luego eran patriotas en el sentido del patriotismo republicano. Y para ellos, ser patriotas significaba sentir la caritas reipublicae. Como dijo Jean-Jacques Rousseau, un distinguido miembro de la familia republicana: «No son los muros, ni los hombres los que hacen la patria, sino las leyes, los usos, las costumbres, el gobierno, la constitución, y aquello que resulta de todo esto. La patria se forma en las relaciones entre el Estado y sus miembros; cuando esas relaciones cambian o se disuelven, desaparece la patria “

Es la experiencia de la libertad republicana, o la memoria o la esperanza de la misma, lo que hace que tenga sentido la ciudad. Los teóricos republicanos eran perfectamente conscientes de que el tipo de comunalidad generada por el hecho de vivir en la misma ciudad, o la misma nación, o de hablar la misma lengua, y de adorar los mismos dioses no era suficiente para generar el patriotismo republicano en el corazón de los ciudadanos: una patria verdadera, afirmaban, sólo puede ser una república libre.

Afirmaban también que el amor a la patria no es en absoluto un sentimiento natural, sino una pasión que necesita ser estimulada a través de la legislación o, de forma más precisa, a través del buen gobierno y de la participación de los ciudadanos en la vida pública. Rousseau expresó con elocuencia esta idea en su Economie politique: «Que la patrie se montre donc la mere commune des citoyens, que les avantages dont ils jouissent dans leur pays le leur chere, que le gouvernement leur laisse assez de part á la l’administration publique  pur sentir qu’il son chez eux et que les lois en soient a leur yeux que les garants de la commune liberté» . (…)

2. El patriotismo republicano y el nacionalismo

Ha de resultar ahora bastante fácil identificar la diferencia entre el patriotismo republicano y el nacionalismo. Si por nacionalismo entendemos lo que los fundadores del lenguaje del nacionalismo entendían, me parece claro que los patriotas republicanos y los nacionalistas están en desacuerdo sobre la cuestión central de qué es una verdadera patria. De hecho, los teóricos del nacionalismo de finales del siglo XVIII comenzaron, en su intento por construir un lenguaje nuevo del nacionalismo, por atacar el principio republicano de que sólo una república que se autogobierne es una verdadera patria.
(….)
Los patriotas republicanos y los nacionalistas también están en desacuerdo sobre lo que sea o deba ser el amor por la patria. Los primeros consideran el amor a la patria como una pasión artificial que ha de ser introducida y reproducida, de forma constante, por medios políticos. Para los últimos se trata de un sentimiento natural que ha de protegerse de la contaminación cultural y de la asimilación cultural. Su diversa interpretación del amor por la patria es consecuencia de su diferente concepción de la patria y de la nación respectivamente. La patria de los republicanos es una institución moral y política. La nación de Herder es una creación natural. Éste considera las nacionalidades no como producto de los hombres, sino como la obra de una fuerza viva, orgánica, que anima el universo. Las repúblicas se originaron debido a la virtud extraordinaria y a la sabiduría de sus legendarios fundadores. Las naciones las hizo el mismo Dios, en tanto fuerza viva que modela unidades orgánicas nacionales sobre el caos de la materia homogénea y reflejan, por tanto, los planes y la voluntad eterna de Dios.

Cuando Herder subraya que la naturaleza ha creado nacionalidades pero no estados, quiere decir que las primeras ocupan una posición superior a los últimos. Para los republicanos la pérdida de la república es la mayor tragedia. Para Herder aún es más trágica la pérdida de la propia nación: privad a un hombre de su país (en el sentido de nacionalidad), escribió, «y le habréis despojado de todo”

Esto no quiere decir que la idea de nación se haya utilizado siempre contra el patriotismo republicano o para sostener proyectos nacionalistas. El ejemplo más obvio es la definición del principio de nacionalidad de John Stuart Mill en su A System of Logic:  «No hace falta decir que no entendemos (el principio de nacionalidad) como infundada antipatía por los extranjeros; o por el cultivo de peculiaridades absurdas porque son nacionales; o por el rechazo a adoptar lo que otros países han descubierto que es bueno. En todos estos sentidos, las naciones que tienen el espíritu nacional más fuerte son las que tienen menos nacionalidad. Lo entendemos como un principio de simpatía, no de hostilidad; de unión, no de separación. Nos referimos a un sentimiento de interés común entre todos aquellos que viven bajo el mismo gobierno y que están contenidos en unas mismas fronteras naturales o históricas. Hacemos referencia a que una parte de la comunidad no ha de considerarse forastera frente a otra parte; a que han de cultivar el lazo que les mantiene juntos; han de sentir que son un pueblo, que su suerte está unida, que lo que sea malo para un compatriota es malo para ellos mismos; y que no pueden, de forma egoísta, desentenderse de su participación en los problemas comunes cortando la conexión»

Esta concepción de la nación es equivalente a aquello que Mazzini entendía por patria:  «Una patria es un asociación de hombres libres e iguales unidos en el fraternal acuerdo de trabajar por un fin único. (...) Una patria no es una agregación, es una asociación. No hay patria verdadera sin derecho uniforme. No hay patria verdadera donde la uniformidad del derecho es violada por la existencia de castas o privilegios».

Otro ejemplo del principio de nacionalidad interpretado como equivalente a la idea republicana clásica de patria puede verse en Carlo Pisacane. “El principio de nacionalidad que ha excitado a las almas más generosas en 1848,- escribió en 1860-, era un ideal de libertad. Nacionalidad significa la libre expresión de la voluntad colectiva de un pueblo, de un interés común, de total y absoluta libertad, sin clases, grupos o dinastías privilegiadas. El amor por la patria sólo puede crecer en el suelo de la libertad, y sólo la libertad puede convertir a los ciudadanos en defensores de la república. Bajo el yugo de príncipes y monarcas, las pasiones del patriotismo están condenadas a degenerar “

Por tanto, la diferencia entre el patriotismo republicano y el nacionalismo es bastante grande. Igualmente grande es la diferencia entre el patriotismo republicano y el nacionalismo cívico, por una parte, y el patriotismo republicano y el nacionalismo étnico, por otra. El patriotismo republicano difiere del nacionalismo cívico en que es una pasión y no el resultado del consentimiento racional. No se trata de lealtad a principios políticos universales neutrales tanto histórica como culturalmente, sino de compromiso con las leyes, la constitución y la forma de vida de una república particular. El patriotismo republicano es también diferente del nacionalismo étnico porque no concede relevancia moral o política a la etnicidad. Por el contrario, reconoce relevancia moral y política, y belleza, a los valores políticos de la ciudadanía, particularmente la igualdad republicana, que son hostiles al etnocentrismo.”


(1).-J.J.Rousseau .”Economie politique”.-Oeuvres III.-La Pleiade Gallimard
(2).- M.Robspierre.-“Sobre los principios de moral política”.-en “Discursos”.Ciencia Nueva.-Madrid  1968
(3).-Alonso de Catrillo.-“Tratado de Republica”.- I.Estudios Poliicos.-Madrid 1958
(4).-Gerrard Winstanley.-“La Ley de la libertad”.Biblos. Buenos Aires 2005
(5) .-Piero Calamndrei.-Diario 1939-45.
(6).-“ Los señoritos invocan la patria y la venden, el pueblo la compra con su sangre y la salva”.-  A. Machado, en Conferecia  Nacional de Juventudes Socialistas .-enero 37
(7).-Herodoto.-Historia VII,61
(8).-Hanna Arendt.-“Los origenes del totalitarismo”.-Tauus 1974
(9).-Sofocles.-Antigona 333-375
(10).-j.Habermas.-“Accion comunicativa y razon sintrascendencia”.-Paidos 2002
 (11).-M.Viroli.-“El sentido olvidado delpatriotismo republicano.-Isegoria nº 24.-Junio 2001








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