"

"
...EL MUNDO HA DE CAMBIAR DE BASE. LOS NADA DE HOY TODO HAN DE SER " ( La Internacional) _________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

30/11/14

LA COMPETITIVIDAD ES UNA IDEA MUERTA


Por Thomas Coutrot (*)

La búsqueda de la competitividad no es solamente un error, también es peligrosa porque esconde los verdaderos desafíos y lo que verdaderamente está en juego en el futuro  de neustra economía y de nuestras sociedad. Esta es la tesis que sostiene Thomas Coutrot, cofundador de Economistas aterrados y portavoz de Attac.
Pocos son los que lo discuten: el aumento de las desigualdades socio-económicas y el incremento continuo de las emisiones de gases de efecto invernadero son el germen de catástrofes sociales y tecnológicas que asoman en el horizonte de aquí a dos o tres decenios, No obstante las decisiones políticas de corto plazo  no solamente son insensibles a estas amenazas sino que aceleran  francamente su advenimiento.  Al contrario de lo que nos dice una visión superficial, la austeridad no conduce  en absoluto a nuestra sociedad por la vía de la sobriedad. La prioridad que da Francois Hollande a la competitividad es de las que se inscribe en esas visiones de corto plazo: aumentar el crecimiento de nuestras exportaciones por la via de la bajada del coste de la mano de obra y del gastos público, es lo contrario a cualquier perspectiva de redistribución  de la riqueza y de atención ecológica. Los  efectos secundarios son  previsibles: el aumento de las desigualdades y de las emisiones de  gases efecto invernadero y  nos conducirán  a esos grandes desequilibrios que se anuncian.
En  un primer momento recordaré los principales hechos que esquemáticamente  se refieren a esos dos grandes riesgos y su dinámica acumulativa de mutuo refuerzo. A continuación mostraré  porque la prioridad  absoluta que se da a la competitividad no puede hacer, por las implicaciones políticas, económicas y ecológicas que supone  más que acentuar la realidad de esos peligros anunciados.  Finalmente, plantearé el interrogante sobre los cambios  que serían necesarios introducir en nuestros sistemas económicos y políticos para  que  por fin comencemos a “creer que sabemos”, como dice Jean Pierre Dupuy (1) y obrar en consecuencia. 

Dos curvas explosivas:

Desde hace doscientos años, gracias a las ciencias, a la tecnología y al crecimiento económico, el capitalismio ha podido llevar a la masa de la población a una seguridad y calidad de vida que en la antigüedad se reservaba a una ínfima parte beneficiaria de la servidumbre de la mayoría. Ha dejado entrever la posibilidad de poder sacar a la humanidad de la preocupacin por el mañana.
Pero precisamente en el momento en que parece próximo a hacerse realidad, ese sueño , su cumplimiento se transforma en una pesadilla. Los chinos creen haber alcanzado el nivel de consumo norteamericano, pero desde  el  momento en que alcanzan solamente el nivel de emisiones europeas de CO2 por habitante  descubren  que sus ciudades se han transformado en gigantescos cocederos asfixiantes donde se muere   a fuego lento.
Los norteamericanos también se aperciben  de que las condones materiales sobre las que han podido construir su “nivel de vida innegociable”, según la famosa declaración de G. Busch padre en la Cumbre de la Tierra de Rio (1992), hacen ese mismo nivel de vida definitivamente insostenible. Comienzan  a darse cuenta que no puede negociarse con la naturaleza. Ella impone límites a  una acción humana que ha creído poder impunemente  transformarse en  una fuerza geológica (el famoso “ antropocenio ”)  (2), sin reflexionar sobre las consecuencias a largo plazo de tal  trasformación.

Tal como indica el último informe del GREC ( GHrupo Intergubernamental de Estudios sobre el Clima), el calentamiento climático está acelerándose de manera incontrolada. Entre 2000 y 2010 las emisiones de gas efecto invernadero aumentaron el 2,2% anual  frente al 0,4% en los treinta  años anteriores. Sabemos las consecuencias de un aumento de dos grados centígrados que serán inevitables en 2030: elevación del nivel del mar, situaciones climáticas extremas, inseguridad alimentaria, escasez de agua, conflictos y guerras por los recursos naturales.  Los mecanismos retroactivos  “positivos” ( efectos de la fusión de los hielos, efecto invernadero del vapor de agua , emisiones de metano con la fusión del permafrost…) que  darían lugar muy posiblemente a desencadenar una aceleración autoalimentada del calentamiento global. Las consecuencias de una elevación de 6 grados centígrados- lo que parece hoy ya inevitable- o más,  en la temperatura media del planeta de aquí al 2100 nos son desconocidas  pero pavorosas.

Al mismo tiempo- y ya hablare después de la estrecha relación entre ambas curvas- la curva de la concnetracio0n de riqueza está también sufriendo una tendencia explosiva, alcanzando y superando (en el caso norteamericano) los  records del principio del siglo XX. La tendencia secular  de concentración del capital productivo, que Marx destacaba, es más activa que nunca. Un núcleo duro de 147 multinacionales controlan hoy alrededor  del 40% de la economía mundial (3). Las tres cuartas partes de ese grupo lo constituyen bancos, lo que confirma la hegemonía del capital financiero. Correlativamente la concentración de la renta y del patrimonio experimenta también un mecanismo de aceleración autoalimentado (4). En un mundo donde el crecimiento no puede sino disminuir ( particularmente por el hecho del agotamiento  de los recursos naturales y el final del fenómeno de alcance de la frontera tecnológica por parte de los países emergentes), y donde el dominio del capital financiero supe rápido ( gracias a la famosa liquidez (5), (tan apreciada por los bancos )  garantiza tasas de   rentabilidad muy superiores a las tasas de crecimiento, ninguna tendencia inversa parece susceptible de  frenarlo, y menos aún  capaz de invertir el proceso de la tendencia al auge de las desigualdades.  El 1% más rico posee el 25% de la riqueza en Europa y el 35% en Estados Unidos, y este porcentaje esta experimentando un alza rápida e incontrolable.


Desigualdades sociales y desregulacion climnatica,  un circulo vicioso.
Lo más inquietante de esas tendencias es que se refuerzan mutuamente en un verdadero círculo vicioso. El auge de las desigualdades favorece a la vez un consumo ostentoso de ricos y un frenesí consumista de las clases medias. Pickett y Wilkinson (6) han demostrado que las emisiones de gas de   efecto invernadero  están estrechamente ligadas al grado de desigualdad económica. “La desigualdad acentúa la competencia entre estatus  sociales y la ansiedad, lo que induce al indiivduali9smo, al materialismo y el consumismo, y por tanto, al sobreconsumo y el derroche. Los países desarrollados mas desiguales tienen un efecto ecológico mayor, consumen más carne y agua por habitante, producen más residuos y toman el avión con más frecuencia.  ”La desigualdad engendra frustración  y favorece el endeudamiento. En Estado Unidos “la tasa de quiebra de los hogares ha aumentado más en aquellos  Estados donde las desigualdades han sido más acusadas”. Otro índice de esta relación: “los gastos publicitarios varían con las desigualdades. Los países más desigualitarios gastan una parte mayor de su PIB, proporcionalmente, en publicidad, Estados Unidos y Nueva Zelanda gastan  dos y tres veces más que Noruega o Dinamarca”
El segundo mecanismo perverso que relaciona las desigualdades con la  crisis ecológica deriva del dominio creciente de la industria financiera sobre las políticas  climáticas y de biodiversidad. Mientras que el protocolo de Kyoto se apoyaba en compromisos obligatorios de reducción de emisiones de gas, los negocios privilegian  actualmente los mecanismo de mercado en el marco de la “ economía verde” que promueve la ONU, la Banca Mundial y la industria financiera.  Cada vez se confía más en los mercados financieros para encomendar  la responsabilidad de reorientar los flujos de capital hacia actividades favorables al medio ambiente (energías renovables, “ climate samrt agriculture” o agricultura amiga del clima,  mantenimiento de bosques y de  ecosistemas, etc ). Para conseguir esto, y a pesar del fracaso  notorio del mercado europeo de permisos de emisión  ( ETS, Emission Trade System (7), una nueva ola de innovación financiera se lleva a cabo a cargo de los poderes públicos y los bancos: mercados del carbón, “ instrumentos para la biodiversidad”,, programa REDD para bosques son nuevos campos de inversión y especulacio0n gigantescos. Pero al dejar las políticas climatéricas en manos de los mercados financieros, que son por naturaleza exagerados e irracionales, ¿ qué va a quedar de esos “ mecanismos innovadores” y de la reducción de emisiones después del estallido de la última burbuja financiera.?
 Un tercer mecanismo, puramente político este vez , refuerza el impacto de las desigualdades sociales sobre la ecologías. A media que crece la desigualdad, la distancia social se acrecienta entre las oligarquías y el resto de la población.  Las elites se segregan del resto de la sociedad. A la vez que concentran mayores  poderes de decisión en sus manos se hacen cada vez más ajenas a la suerte de común.
Su desinterés de cara al ascenso  de los peligros resulta,-  por una parte- de los imperativos de la guerra económica, pero también puede explicarse por la certeza de sus dirigentes de que pase lo que pase, su recursos les permitirán  ponerse al abrigo, ellos y sus próximos. Las “ comunidades cerradas”  ( gated communities”) , las murallas que edifican por todas parte4s en el mundo alrededor de los barrios elegantes o las “ islas de millonarios” son los símbolos más visibles de esta segregacion ( 9) que el imaginario de Holliwood ilustra en innumerables  “ blockbusters” de anticipación.
Si la desigualdad refuerza el consumismo, el derroche y la explosión de emisiones de gas de efecto invernadero, se da asimismo una retroalimentación  inversa que va del clima a la desigualdad. Las consecuencias del cambio climático, de la contaminación  y de  los desastres ecológicos pesan de manera desproporcionada sobre los más pobres. Esto es cierto a nivel mundial donde las primeras victimas de la subida del mar y de los acontecimientos climáticos extremos son las poblaciones pobres de los países del Sur. El auge del fenómeno de los “refugiados climáticos “no ha hecho más que comenzar ( 10). Esto también es aplicable al interior de los países ricos donde numerosas investigaciones muestran la polarización social de los daños ecológicos (11). “igual que existen desiguales de clase o de género, existen desigualdades medioambientales, es decir, poblaciones y grupos de individuos que no son iguales de cara a los efectos nocivos de las crisis medioambientales. El impacto del recalentamiento  y de la polución no se sufre de la misma manera según el lugar que se ocupa en la estructura social “(12). Al precarizar más aun a los precarios, la crisis ecológica debilita su capacidad  de actuar y contribuye a la concentración  del poder político en manos de una oligarquía.   Se crea un círculo vicioso donde los ricos destruyen el planeta (13) haciéndose sin cesar mas poderosos y mas indiferentes a la suerte de los pobres y de la naturaleza.
 
El mantra de la competitividad.
Observadores cada vez más numerosos han interpretado el anuncio hecho por Francois Hollande sobre un “ pacto de responsabilidad”  y la prioridad absoluta que se debe dar a la competitividad como un “ giro social-democrata”. El nombramiento de Manuel Vals en Matignon seguido de la salida de ministros como Hamon y Montebourg ha sido calificado de “ giro”, esta vez socio-liberal. Pero ya  en el otoño del 2012, unos meses después de su elección, la ratificación  sin discusión del tratado presupuestario europeo, seguido de la creación de un “crédito de impuesto-competitividad-empleo” financiado por el alza del IVA y el descenso del gasto público, había ya marcado con claridad la adhesión de Francois  Hollande a las propuestas principales avanzadas por su competidor Nicolas Sarkozy.

Todas estas decisiones se sitúan en la misma línea de las políticas económicas seguidas desde hace veinte años. En este periodo solo dos medidas no han dado prioridad a la competitividad: las 35 horas y la asistencia sanitaria universal, decididas por el gobierno de Lionel Jospin.  En lo demás, la política fiscal se ha  dedicado  a bajar los impuestos y las cotizaciones reduciendo en cinco puntos del PIB los ingresos del estado (14).La política social se ha concentrado en la flexibilización del Código laboral y las reformas regresivas de la jubilación y de la sanidad pública. La política industrial, si es que ha existido, se ha focalizado en las empresas con fuerte capacidad de crecimiento cerrando lo sojos  a la deslocalización y los despidos. La política comercial, de competencia europea, se ha reducido al desmantelamiento de acuerdos de protección de los países pobres (como los acuerdos “ multifibras”), a la multiplicación de los acuerdos de libre-cambio. La política monetaria europea igualmente se ha centrado de manera obsesiva en la inflación dejando inflarse burbujas financieras antes  de  salvar a los bancos dela crisis inundándoles de liquidez. La competitivi ad ha sido el leit-motiv de todas estas decisiones
Resulta que el ‘paradigma que ha guiado las políticas económicas desde mediados de los  80 no ha cambiado: el de la mundialización neoliberal que se sustenta  en la libertad de circulación de capitales y de mercancías  y la competencia generalizada. Se ha radicalizado incluso en Europa como consecuencia de la crisis financiera del 2008. Tras varios meses durante los que se hubiera podido pensar que la violencia del choque había desestabilizado sus creencias, los dirigentes europeos han emprendido una ofensiva con una violencia renovada contra el Estado  social y el modelo social europeo, declarado “muerto” por Mario Dragui presidente del Banco Central Europeo ( 15). Esta radicalización, que refleja la focalización exclusiva del gobierno francés en una política de competitividad, no es un “ error”  sino que  son un intento de  salvar la disminución del capital europeo ( salvo Alemania) en el mercado mundial ( 16)
Efectivamente, el excedente comercial mundial de comercio exterior de la Union Europea de cara al resto del mundo no puede  esconder los considerables déficits de los países del sur de Europa, incluida Francia. En un contexto mundial marcado por profundos desequi8librios insostenibles a largo plazo, entre las naciones muy excedentarias de Alemania y China, y los déficits  paralelos de Estados Unidos y de Europa del Sur, la estrategia de la competitividad  busca un reequilibrio,  no de manera cooperativa, fomentando la demanda interna de los países excedentarios,  sino de forma competitiva, reduciendo la demanda y los costes de los países deficitarios. La apertura de negociaciones  hacia el gran mercado  trasatlántico simboliza la fuga delante de un liberalismo comercial dogmático

Decisiones absurdas altamente  competitivas
Las políticas de austeridad y de competitividad  conducen al desmantelamiento de instituciones que obstaculizaban el crecimiento de las desigualdades en Europa. El modelo social europeo institucionalizaba un compromiso aceptable entre capitalismio y democracia. Hundido en Europa del Sur, quebrantado en todas partes, este modelo ha cedido por todos los sitios. Paro, precariedad, mini-jobs en Alemania, “ recibos verdes” en Portugal, autoemprendedores en Francia  y en Italia, baja de salarios, facilidad de despido,  descentralización de la negociación colectiva, ,… Todas estas politices, llevadas a cabo tanto  por gobiernos de derecha cfomo de izquierda y apadrinadas por la Unión Europea, socavan la confianza popular en la democracia y en el proyecto europeo.
Desde el punto de vista ecológico, la recesión ha amortiguado, es cierto,  el ritmo de emisiones de CO2 en Europa. Pero la austeridad no es la solución a la crisis climática. Por un parte no se concibe más que como una purga necesaria para un nuevo relanzamiento al término de la acumulación de beneficios financieros y bienes materiales. Por otra parte y sobretodo, bloquea las inversiones que son necesarias para financiar las reconversiones ecológicas europeas y hacer crecer la eficacia energética.
En Francia, la focalización sobre la competitividad ha llevado al gobierno a tomar, apelando a ventajas comparativas de los países en particular en los sectores bancario y nuclear, a decisiones económicas y ecológicas absurdas. ¿Porque Francia, al contrario de lo prometido ellos discursos de febrero de 2012 del candidato Hollande en Bourget, ha abandonado la reforma bancaria ( separación de las actividades de crédito y de especulación), en la primavera del 2013 y después, en la primavera del 2014 abandonado la propuesta de tasa sobre las transacciones financieras internacionales que proponía la Comison Europea?. Aun a riesgo de oponerse frontalmente a la Comision y al gobierno alemán, el Ministerio francés de economía ha vetado la tasa de productos derivados que representa la inmensa mayoría  (cerca del 90%)  de las transaccio0nes financieras y son las mas desestabilizadoras. Se trataba simplemente de proteger a toda costa  la considerable parte de mercado que en ellas tiene   BNP Parisbas y la Societe Genérale en la especulación mundial de productos derivados ( 17). Que llega a alcanzar hoy dia cumbres históricas. ¿ Será preciso esperar la próxima crisis , que podría ser devastadora, para que el exorbitante poder y la inestabilidad explosiva de la industria financiera sean por fin discutibles?.

En lo que se refiere a lo  nuclear, Montebourg, entonces Ministro de Economía, no dejaba una ocasión de proclamar “fuente de porvenir” y de promover la exportación  de esta industria, despreciando la lección  terrorífica de Tchernovil y Fukushima. Los lobbies industriales consideran el gas del fracking como la clave de la competitividad energética y el gobierno anuncia  la creación de una compañía nacional para relanzar esa actividad extractiva sobre territorio francés en lugar de promover la sobriedad energética y material de los procedimientos de producción.
Mientras, escasean cruelmente los recursos para financiarf los planes de inversión masivos y sin embargo tan necesarios en las energías renovables, en las economías de energía, en el transporte en común y ferrocarril, etc. El “capitalismo verde” se hace esperar falto de perspectivas de beneficio y de estímulo. Según los expertos “las subvenciones para energías fósiles alcanzan todavía los a 544.000  millones de dólares a nivel mundial en 2012 según la Agencia Internacional de la Energía, contra 101.ooo millones en las renovables. Los inversores está inquietos por los recortes  en las pooliticvas  de apoyo a estos últimos en Europa (18)  y la financiación para una trasicion energética es insuficiente.

Para terminar con la competitividad.
Entre las voces que critican la actual política de austeridad y de competitividad, muchos denuncian  la focalizaciones exclusiva sobre los costes  laborales  y  proponen privilegiar una competitividad “fuera de costes”  fundada sobre la innovación  y la calidad. Promueven un “crecimiento verde”  fundado en las energías renovables, el reciclaje, la economía circular, la desmaterialización de la economía, la innovación te4cnologicvas (19)

Por supuesto que valdría mejor la pena que una parte importante de las inversiones vaya hacia las energías renovables y las tecnologías no carbónicas en lugar de dirigirse hacia el carbón y el automóvil individual. Cualquier política de transición hacia una economía no carbonica comienza por ahí. Pero  TimJackson ( 20) ha demostrado claramente lo ilusoria de este proyecto de “crecimiento verde”  a largo plazo. “Imaginad, por un instante, un mundo poblado por nueve mil millones d habitantes, deseando todos un nivel de salarios occidentales, creciendo al 2% anual. En tal mundo el único medio de tener la más mínima oportunidad de legar a nuestros hijos un planeta habitable está en reducir  130 veces la intensidad del carbono de la actividad económica durante los cuarenta años próximos. Creer que tal escenario  es realizable es creer en un poder casi mágico de la tecnoloigia “ ( 21)

En el horizonte de las próximas décadas, el “ corte absoluto”•, es decir un crecimiento económico que se acompañe de una fuerte disminución de las emisiones de CO2 es una imposibilidad material en el estado actual y plausible de toda tecnología de producción . Por decirlo de otra manera, es preciso terminar con la competitividad porque hay que renunciarte al crecimiento, en todo caso en el Norte, si se quiere realmente frenar la aceleración del deterioro climático. Cualquier ilusión  sobre el “necesario restablecimiento de la confianza”  con el fin de rehacer las concisiones del crecimiento  que nos haya de salvar deben de ser considerado  como lo que son: una manifestación de ceguera,  o peor, de la indiferencia de las elites ante la crisis ecológica.
¿Es compatible el crecimiento cero  con la supervivencia del capitalismo? Jackson no lo  descarta al invocar la idea  de que ciertos pai8ses capitalistas han conocido un crecimiento débil duradero, como Japo0n desde hace veinte años. Pero la analogía es poco convincente. La transición ecológica, y particularmente la drástica reducción  de las emisiones de gases de efecto invernadero no se acomodarían  en manera alguna al estancamiento generalizado  que siguiese  al estallido de las burbujas financieras ni con el deslizamiento en la austeridad y la deflación. Supondría la inversión masiva en ciertas actividades y la desinversión  igualmente masiva enotras. ( Empezando por las energías fósiles). El crecimiento global deberá quedarse muy cerca de cero, pero algunos sectores experimentarían un crecimiento de dos cifras y otros un decrecimiento rápido. La única experiencia comparable de una brutal reorientación productiva ha sido la de la economía de guerra ( nazi, y después americana) de  los años 30-40,pero aquelkla fue seguida por un fuerte relanzamiento del crecimiento que hoy nos esta prohibido.

Las condiciones de un cambio de rumbo.
Suponiendo que el capitalismo fuese capaz de organizar ese cambio de rmbo  radical a corto y medio plazo manteni8endo el régimen de democracia parlamentaria- lo que esta muy lejos de ser evidente- se puede dudar mucho de la posibilidad de una economía  dominada por la lógica caspitalista que respete una trayectoria macroeconómica estacionaria. Sea cual fuere el diagnóstico sobre la necesidad de un post-capitalismo, las tres comdicones que Tim, Jacson  pone para  iniciar una transición  hacia una economía duradera no pueden esquivarse. Controlar los mercados financieros, reducir el tiempo de trabajo y salir de la jaula de hierro del consumismo. Se trata pue4s de desintoxicarnos de nuestra adición al consumo de ostentación, al crecimiento infinito y a la competitividad exacerbada.

Para conseguir esto será necesario reducir fuertemente las desigualdades por medio de  una redistribución fiscal (tasa sobre las trasacciones financieras internacionales, impuesto progresivo sobre el capital,…) Pero también por una disminución de las diferencias entre las rentas y un  desarrollo de la democracia económica. “La desigualdad d ela renta en el seno de las grandes empresas se han multiplicado por 10 o 15 en el curso de los últimos 30 años. La cultura de las enormes  gratificaciones supone una total irresponsabilidad en la cumbre. Una solución esta en fomentar todas las formas de democracia económica, representación de los asalariados en los consejos de administración y en los comités de remuneraciones, ventajas fiscales para las empresas controladas por sus asalariados, cooperativas y mutuas, fondos públicos para fijnanciar prestamos bonificados para la adquisición de las empresas por sus asalariados”
A nivel internacional, tal escenario supone necesariamente un grado intenso de relocalización de la economía. Esto pasaría por el restablecimiento de importantes derechos de aduana fronterizos, pero el riesgo de una desviación nacionalista de tales políticas proteccionistas nacionales es alto. Más valdría una tasa kilométrica que se aplicase independientemente del paso de una frontera pero gravando fuertemente  el transporte  a larga distancia. Al reducirse  el comercio mundial de esta forma, estaría también regulado por una unión mundial de compensación  del genero de la propuesta por Keynes en 1944 de manera que se impida la formación de excedentes y déficits comerciales estructurales. En este marco, umlais o un bloque regional insuficientemente “ competitivo”  ( es decir que tuviese unj déficit comercial estructural  vería  su moneda devaluada en relación a lqa unidad de cuenta internacional, y al contrario en lospaises o zonas excedentarias cuya moneda se revaluaría. Las politicas de competititividad perderían su sentido en el marco de una eocnomia mundial pacifiicada y desintoxicada del crecimiento.

¿ Es verosímil tal cambio, y cuales aserian las condiciones políticas?. Responder a este interrogante nos llevaría más allá de lo que pretende este articulo ( 22), pero parece que el título de la obra de P+ckett y  Wilkinson (  “¿ Porque la igualdad es mejor para todos?”) es exageradamente optimista. El poder desorbitado de que dispone el 1% les permite  probar las delicias de la desmesura (la hybris de los griegos) y sin duda les ahce creer quye pueden  escapar de la condición humana. Eso es  lo que explica su enorme resistencia a cualquier idea de regulación de lo financiero, de redistribución de la riqueza y del  decrecimiento energético. Seis años después de la crisis de 2008  la burbuja especulativa ha vuelto e incluso superado sus records históricos. Las emisiones de CO2 se aceleran. Se necesitaran luchas politices y sociales de gtran amplitud, esperando que pasar por  una guerra ( lo que es lo único que ha permito al capitalismo salir de la crisis de los años 30), pueda evitarse. 
La humanidad nunca ha suido tan rica como hoy pero la riqueza nunca tan mal repartida. El sistema económico y financiero parece más inestable que nunca y el peligro de un hundimiento ecosistemico se hace más patente cada vez. Como dicen Pickett y Wilkinson, “el crecimiento es un sustituto de la igualdad y a la inversa, una mayor igualdad hace el crecimeito menos necesario” (23). Cuando el crecimiento no es o posible ni deseable, la igualdad, la ccoperacion y la democracia son imperativos vitales. La competitividad es una idea muerta.

Thomas Coutrot es economista y portavoz de Attac Francia
Fuente.  http://www.laviedesidees.fr/La-competitivite-est-une-idee.html
Notas. [1] Jean-Pierre Dupuy (2002), Pour un catastrophisme éclairé, Seuil.[2] Geneviève Azam (2011), Le temps du monde fini. Vers l’après-capitalisme, Les liens qui libèrent ; Christophe Bonneuil, Jean-Baptiste Fressoz, L’évènement anthropocène. La Terre, l’histoire et nous, Le Seuil, 2013.[3] Stefania Vitali, James B. Glattfelder, Stefano Battiston, « The Network of Global Corporate Control », ScienceNews , septembre 2011.[4] Thomas Piketty, Le capital au XXIe siècle, Fayard, 2013.[5] André Orléan, Le pouvoir de la finance, Odile Jacob, 1999.[6] Kate Pickett, Richard Wilkinson (2013), Pourquoi l’égalité est meilleure pour tous, Les Petits Matins.[7] Joanna Cabello, Ricardo Coelho, Tamra Gilberts (2013), “Extractive energy. How the EU ETS exacerbates climate change”, Carbon Trade Watch.[8] Voir Institute for Global Environemental Strategies, “New Market Mechanisms in Charts”. Voir aussi Geneviève Azam, Christophe Bonneuil, Maxime Combes (2012), La nature n’a pas de prix, les méprises de l’économie verte, Les Liens qui libèrent.[9] Rowland Atkinson, Sarah Blandy (2006), Gated Communities. An international perspective, Routledge ; voir par exemple www.bornrich.com/richfiles/islands/[10] Harald Welzer (2010) Les Guerres du climat. Pourquoi on tue au XXIe siècle, NRF.[11] Razmig Keucheyan (2014), La nature est un champ de bataille, La Découverte.[12] Razmig Keucheyan, « La définition de ce qu’est l’environnement est l’enjeu d’une bataille politique », Le Monde, 29/3/2014.[13] Hervé Kempf (2007), Comment les riches détruisent la planète, Seuil.[14] Collectif, « Que faire de la dette ? Un audit de la dette publique de la France », Mai 2014.[15] Wall Street Journal, 23-24 février 2012.[16] Attac, Fondation Copernic (2014), Que faire de l’Europe ? Désobéir pour reconstruire, Les Liens qui Libèrent.[17] Adrien de Tricornot, Mathias Trépot, Franck Dedieu (2014), Mon amie c’est la finance ! Comment François Hollande a plié devant les banquiers, Bayard.[18] Jérémie Marais, « Les investissements verts se font attendre », Agefi, 19/12/2013.[19] Voir par exemple Patricia Crifo, Matthieu Glachant, Stéphane Hallegatte et Éloi Laurent (2012), L’économie verte contre la crise : 30 propositions pour une France plus soutenable, PUF ; Nicholas Stern (2007), The Economics of Climate Change : The Stern Review, Cambridge University Press.[20] Tim Jackson (2010), Prospérité sans croissance. La transition vers une économie durable, De Boeck ; voir aussi Jean Gadrey (2010), Adieu à la croissance, Les Petits Matins.[21] Tim Jackson, discours à l’Université de Louvain, 3/2/2011.[22] Pierre Dardot et Christian Laval (Commun. Essai sur la révolution au XXIe siècle, La Découverte, 2014) proposent un cadre théorique rigoureux pour redéfinir un imaginaire et une stratégie de transformation sociale radicale ni étatiste ni libérale.[23] C’est aussi la thèse de Dominique Méda (2013), La mystique de la croissance, Flammarion.

No hay comentarios: