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...EL MUNDO HA DE CAMBIAR DE BASE. LOS NADA DE HOY TODO HAN DE SER " ( La Internacional) _________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

26/6/22

 

 

Reflexión del mes:




El derecho natural es el derecho correspondiente  al orden  propio d e las cosas, es un orden de necesidad. El derecho humano no es de ese origen sino que es del orden de la libertad. Es lo propio de personas no de cosas. Para bien o para mal, estamos abandonados a nosotros mismos.   


Reflexión de Bartolomé de las Casas a seguir: Por un supuesto derecho natural, a los indios se les despoja de la defensa de sus propias instituciones. Los indios pueden legítimamente  defender por las armas, si es preciso, sus ritos religiosos   propios por mucho que sean  contemplados como antinaturales por el conquistador. Los principios de aquellas costumbres y su autonomía sobrepasan el estrecho margen del derecho concebido como natural en la razón europea.


Reflexión de sabiduría del  Gilgamesh, inicio de la epopeya y final de la larga experiencia del viaje de la vida: No busques la inmortalidad, dedícate a construir las murallas de la ciudad, examina sus cimientos,… “¿No están construidos de ladrillos que  se fabrican en un horno?”

 


Traer  la reflexión que hace el Gilgamesh no es banal y está en relación con las anteriores notas. En efecto, la búsqueda de la inmortalidad es una búsqueda de absolutos, del Absoluto mismo que garantice y fundamente de una manera definitiva. Este afán implica que  la legitimidad y el fundamento  debe de ser buscado al margen de lo humano pues los humanos no son inmortales ni engendran hijos- ni productos- inmortales. Esta búsqueda  de lo irrebasable fuera de nosotros mismos es , o bien una renuncia a nosotros mismos o bien  la coartada para llamar absoluto lo que no es sino generación de los propios intereses de cada grupo y clase a los que queremos dar la sacralidad de lo indiscutible para su inconfesable  e interesada  protección, como denunciaba  Bartolomé de las Casas.

A  esto se lo denomina naturaleza y su ley,  y en cuanto hay ley  lo llamamos ius, justicia. Se opera   contra toda experiencia pues sabemos que la naturaleza, es ajena a nuestros propios intereses y desentendida de ellos.  El ser humano libre y autogobernándose, no delega  su gobierno  en  el estatus de las cosas abandonándose a sus designios como leyes. No actúa asi, construye sus propia leyes  y  se ocupa de “construir los muros de su ciudad” sabiendo que esta hecha por humanos, “ en  un horno”. No es inútil recordar que a esta conclusión llega el Gilgamesh después de haber experimentado sus personajes, la vivencia cruel de salir de la naturaleza para entrar en la cultura y tras escarmentar  con frustración de la inútil búsqueda de inmortalidad.  Lo que hace al ser humano, es en efecto, la ciudad, la polis. Heráclito  reafirmaba que “hay que defender nuestras leyes como si fueran los muros de la ciudad”.  La  ley- nuestra propia ley construida como las murallas-  es la que nos hace justos y seres  morales, no la naturaleza ni sus arbitrariedades de intemperie y muerte. “Nacemos sin ningún merecimiento y nada legitima  nuestra muerte”. ( dice Francisco Brines).

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