"

"
...EL MUNDO HA DE CAMBIAR DE BASE. LOS NADA DE HOY TODO HAN DE SER " ( La Internacional) _________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

20/10/22

LIBERTADES ANTIGUAS, TIEMPOS MODERNOS. EL REPUBLICANISMO DE CASTELAO

 

 


Por David Rodriguez Rodriguez

Intervención pronunciada en la recogida del Premio Vicente Risco de Ciencias Sociais XXVI por el texto Liberdades antigas, tempos modernos: o republicanismo de Castelao.



Llevaba trabajando en este libro unos tres años y lo di por terminado, si es que se puede decir que un libro está realmente terminado, poco tiempo antes de que saliese la convocatoria del premio.

Escribir un libro no es fácil, pero no menos problemática es la cuestión de cómo se va a editar ese libro. Algo sujeto a impedimentos y a tiempos más amplios de los que todo autor desea. Me considero muy afortunado porque todo encajase tan bien para que este libro cobrase vida. Afortunado porque el original fuese premiado y porque, como parte del premio del certamen, se incluyese su edición en un plazo breve para lo que suelen ser los plazos de edición. A este respecto, no puedo estar más que satisfecho.

* * *

Me gustaría ahora decir unas palabras sobre el contenido del texto que espero que puedan aclarar qué rayos quiero decir cuando afirmo que Castelao era republicano, no simplemente porque fuese un político activo en la II República. Comprometido con esta en la hora fatal de la sublevación fascista. Ni tampoco porque prefiriese una forma de Estado que estuviese presidida por una persona que no accedió a ese cargo por vía sanguínea, hereditaria.

Qué tipo de republicanismo, en el sentido profundo del término, podía profesar alguien que, como es conocido, escribió palabras poco amables con el país republicano por excelencia: Francia?

Para explicar esto, lo mejor es recurrir a un comentario de José Luis Villacañas sobre el s. XIX español que cito en el libro. El s. XIX español consistió, básicamente, en una alianza entre una burguesía sin potencia revolucionaria y la monarquía (corrupta) de los Borbones. Quedando fuera, asegura Villacañas, “la nación republicana y la nación carlista”.

Esta concepción del s. XIX español da base a una de las tesis que esgrimo en el libro. A saber: a mi parecer no hay itinerancia entre un Castelao muy influido por Vicente Risco, esto es, tradicionalista, esto es, filo-carlista, y un Castelao demócrata que abandonaría, para tranquilidad de los demoliberales homologados, el legado tradicionalista Castelao se inscribe en un republicanismo federal progresista, no tradicionalista, en el sentido en que lo eran los tradicionalistas o carlistas, pero que teoriza una idea peculiar de tradición. Una tradición anterior y alternativa a aquella que conformó el Estado-nación español.


"Hay que defender a España.-
 Mejor que España
 nos defienda a nosotros"

Entre los argumentos que ofrezco en el libro, quiero resaltar dos que, a mi entender, tienen especial enjundia:

Uno: en el pensamiento de Castelao hay toda una articulación de un republicanismo fuerte entendido como cultura política, no sólo como forma de Estado. Este republicanismo de Castelao sería nacionalmente gallego, tendría hechura ibérica y sería diferente en algunos aspectos —no en todos— a los tópicos —no todos ciertos— que existen sobre el republicanismo francés.

Dos: el republicanismo gallego e ibérico que teoriza Castelao no se puede comprender sin la ascendencia que, en el Estado español, dejó el sentido común pre-liberal del tradicionalismo, sentido común que se vió reforzado por la guerra contra Napoleón y por la re-emergencia de las sociedades de los antiguos reinos cuando el Estado y la monarquía se derrumbaba. Dicho de otro modo: sostengo que si, en cierta forma, el contenido del republicanismo liberal está substanciado en el Discurso sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos, escrito en 1819 por Benjamin Constant, el republicanismo de Castelao pertenece a la esfera del sentido común republicano previo al que se desprende del libelo de Constant. Es decir, es un un tipo de republicanismo que, sin dejar de ser moderno y de pensarse para una sociedad moderna, sigue siendo muy fiel a la concepción de la libertad de los antiguos, es decir, a la libertad propia de las sociedades orgánicas pre-individualistas. En cierto sentido, del republicanismo de Castelao se podría decir lo que dice José María Ripalda de la concepción social que profesaba un admirador de la Revolución francesa que escribía desde otra periferia “atrasada” como era la alemana. Hablo de Hegel, de quien Ripalda asegura que quiso juntar a Kant con Aristóteles; es decir, el individualismo moral moderno con el comunitarismo implícito a la polis orgánica del mundo antiguo.

Si Constant destierra toda idea de “bien común” y hace pivotar la sociedad sólo en los individuos autosuficientes, el republicanismo de Castelao está lleno de substancia ética social, colectiva, es decir, Castelao piensa que la sociedad es algo más que la suma de morales individuales, considera que la comunidad precede al individuo y cree que no hay libertad si esta no se funda sobre unas bases materiales que permitan que esa libertad se pueda ejercer de manera efectiva. Así, dice Castelao: “La famosa Democracia se convierte en tapadera del viejo absolutismo cuando el pueblo sólo es soberano en el día de las elecciones y se limita su acción al campo de la política, excluyéndolo del poder económico. También es preciso revisar la palabra Liberalismo, que nada tiene que ver con la Libertad”.

Otro de los aspectos del republicanismo de Castelao sobre el que me quiero detener también tiene que ver con la lectura que hace de la historia española. Una lectura caracterizada por una constante: la gran distancia que existe entre la manera en que fue construido el Estado, ya desde tiempos de los Habsburgo, y la vida de los pueblos que, con el portugués, pueblan la Península Ibérica.

Para Castelao, el Estado español fue construido por élites ajenas a los pueblos. Comenzando por Carlos V, rey extranjero que llegó acompañado por funcionarios flamencos. El s. XVI asistirá al levantamiento de las Comunidades de Castilla, un movimiento republicanizante y contrario a la naturaleza imperial del Estado que, con las Germanìes de la Corona de Aragón, albergaba la esperanza de emprender una revolución proto-burguesa y popular. El gran antecedente de estos dos movimientos serían los Irmandiños. Si bien Castelao problematiza la revuelta Irmandiña al considerar que la derrota de la nobleza gallega a manos de los Reyes Católicos acabaría siendo contraproducente para las clases populares gallegas.

De ahí en adelante, la construcción del Estado español consistiría, cito literalmente a Castelao, “en una sucesión de frustraciones” en la que los pueblos se verían siempre relegados por las élites imperiales, flotantes y desarraigadas, y en las que el Estado sería impotente para fundarse de manera coherente con el sentir de los pueblos que lo padecen.


" Señores diputados,
señores diputados,
 señores,....."

La separación entre sociedad y Estado, o entre naciones y Estado es, por causa de esta lectura histórica de Castelao, fundamental. La gran obsesión del rianxeiro es pensar una Hespaña (con H y en la que se incluye a Portugal) en la que el Estado sea orgánico a las naciones y nutrido éticamente por estas. Único modo de que Galicia se pueda sentir integrada en el concierto español. Único modo de que, en términos de Antonio Gramsci, se pueda imaginar un Estado español que base su existencia en la hegemonía, no en la dominación. Porque donde hay dominación la autodeterminación es legítima.

La concepción del Estado como un todo es otro de los posos del republicanismo antiguo perceptibles en Castelao. Estado es la suma del ámbito de la sociedad civil y del aparato político-burocrático-coercitivo. El fracaso del Estado español consiste en la débil vinculación entre el espacio de la sociedad civil y el aparato legal.

Esta separación, y aquí voy a decir unas palabras sobre la relación de Castelao y los republicanos españoles, también está presente en las fuerzas progresistas de raíz castellana. De ahí que la incomprensión entre los republicanos españoles y los galleguistas fuese grande. Castelao acabará acusando a los republicanos españoles de ser demasiado estatalistas, demasiado institucionales, de estar más atentos a la pervivencia de las estructuras heredadas que de contribuir a la irrupción democrática de los pueblos. Una lección que, a mi entender, sigue estando de actualidad y que aflora con claridad cada vez que la cuestión nacional en el Estado español se agudiza.

Quiero continuar reflexionando sobre el presente a partir de las ideas de Castelao. La vigencia de su crítica al Estado español parece obvia. La democracia de 1978, nacida sin momento constituyente popular, es decir, hecha “de la ley a la ley”, como sentenció uno de los franquistas reciclados en demócratas que pilotó la llamada Transición, vivió en relativa estabilidad mientras las condiciones materiales y geopolíticas fueron estables, pero desde 2008 vive en un continuo estrés sin solución ni final que ya tuvo varios momentos de contestación social (el 15M y el Procès catalán). Síntomas de que la vieja separación entre pueblos y aparato legal, entre democracia y ley, continúa hurgando en las entrañas de esta parte de Iberia.

La crisis moral de la monarquía, del sistema de partidos, de la judicatura, de la esfera bancario/empresarial, de los medios de comunicación evidencia que los surcos profundos diagnosticados por Castelao a lo largo de su obra siguen actuado en 2022.

Pero esta crisis vital de la legitimidad tiene también ramificaciones que van más allá del Estado español. La creación de superestructuras ajenas a todo control popular durante la globalización neoliberal empeora las cosas para la causa de la democracia, tal y como la entendía el de Rianxo. La utilización de la ley como dique de contención de las demandas populares —del cual el conocido lawfare es sólo la punta del iceberg— no es algo exclusivo del Estado español, que tiene actualmente, en la Constitución del 78, una trinchera desde la que impedir cualquier proceso democratizador. La utilización de la ley contra el pueblo, propia del ethos liberal desde sus mismos orígenes, fue patente en la terquedad alemana a la hora de flexibilizar la letra de los tratados de la Eurozona, cuando Grecia se aproximó al precipicio en la crisis del euro de 2010.

La crisis de la democracia tiene en el Estado español causas históricas propias, pero esta no se puede separar de la crisis de la democracia liberal a la que hoy asistimos. Una crisis que, para ser sorteada sin que la propia democracia desaparezca, sólo puede recorrer un camino: dar voz a la gente para que se implemente lo que la gente quiere. En el Estado español, a los pueblos. El republicanismo democrático y comunitarista de Castelao es un revulsivo para una democracia excesivamente formalista, alejada e individualista que hoy va a la deriva.

Apenas dos pinceladas más sobre otros temas de actualidad que aparecen en Castelao y que me gustaría mencionar.

El de Rianxo creía en una idea de progreso diferente al del progresismo mecanicista. Una concepción que ponía entre paréntesis qué cosa debía ser entendida como progreso y qué como atraso. Pero una concepción que no caía en al reaccionarismo. Algo muy pertinente para estos tiempos de límites físicos del planeta y de deterioro de los ecosistemas.

Por otra banda, Castelao profesaba lo que Antoni Domènech llamaba “republicanismo fraternal”, y que este explicaba a través de la importancia de la metáfora de la casa y de la familia. Es este el republicanismo de los hermanos y hermanas —de ahí la fraternidad—, de las mujeres y de los esclavos sujetos a la ley de familia y no a la ley civil y considerados menores de edad tutelados por el Pater familias, el amo. Del domus patriarcal, del oikos, viene la palabra oikonomia. Castelao dice, textualmente, que “no es lo mismo gobernar una familia que un conjunto enorme de familias, dirigir la economía de una casa que la economía común de una muchedumbre de hogares” y señala que el Estado español se comporta como si tuviese la “patria potestad” sobre los pueblos que viven bajo su yugo.

Kant dijo que la Ilustración era la salida de la humanidad de la minoría de edad. Pero la ideología ilustrada también sirvió como cobertura intelectual para que el sistema económico y los regímenes sociopolíticos oprimiesen y explotasen a las mujeres, a los homosexuales, a los pueblos subalternos, a los racializados y a los ecosistemas.

La lucha de los de abajo consiste en salir de la opresión de la casa, para ser reconocidos como sujetos “fuera del armario”, fuera del ámbito doméstico, en el espacio público, en la Historia. Eso es en lo que consiste politizar un problema. Sacarlo del oikos, donde está oculto, y ponerlo a la luz de la polis. El republicanismo de Castelao, por contener ese carácter fraternal, es también una invitación a pensar la pluralidad del sujeto republicano actual.

Os animo a que descubráis este Castelao leyendo el libro. Un Castelao que, tras este estudio, agigantó su talla a mis ojos. Un Castelao del que se puede decir, sin rubor, que era un filósofo político sólido. Alguien que sabía lo que estaba diciendo.

Que os resulte provechoso.

Muchas gracias por vuestra atención. 

Melide, 15/10/2022

 

 

 Intervención pronunciada na recollida do Vicente Risco de Ciencias Sociais nº XXVI

 Agradecemento ao Concello de Melide por acoller este acto.

Agradecemento ás demais entidades colaboradoras.

Agradecemento á Fundación Vicente Risco pola organización do Premio de Ciencias Sociais.

Agradecemento ao xurado da edición XXVI por estimar que o meu traballo era merecedor do premio.

*  * *

Levaba traballando neste libro uns tres anos e dino por rematado, se é que se pode dicir que un libro está realmente rematado, pouco tempo antes de que saíse a convocatoria do premio.

Escribir un libro non é fácil, pero non menos problemática é a cuestión de cómo se vai editar ese libro. Algo suxeito a impedimentos e a tempos máis amplos dos que todo autor arela. Considérome  moi afortunado porque todo cadrase tan ben para que este libro cobrase vida. Afortunado porque o orixinal fose premiado e porque, como parte do premio do certame, se incluíse a súa edición nun prazo breve para o que adoitan ser os prazos de edición. A este respecto, non podo estar mais que satisfeito.

* * *

Gustaríame agora dicir unhas palabras sobre o contido do texto que agardo que poidan aclarar que raios quero dicir cando afirmo que Castelao era republicano, non simplemente porque fose un político activo na II República. Comprometido con esta na hora fatal da sublevación fascista. Nin tampouco porque preferise unha forma de Estado que non estivese presidida por alguén que accedeu a ese cargo por vía sanguínea, hereditaria.

Que tipo de republicanismo, no sentido profundo do termo, podía profesar alguén que, como é coñecido, escribiu palabras pouco amables co país republicano por excelencia: Francia?

Para explicar isto, o mellor é recorrer a un comentario de José Luis Villacañas sobre o s. XIX español que cito no libro. O s. XIX español consistiu, basicamente, nunha alianza entre unha burguesía sen potencia revolucionaria e a monarquía (corrupta) dos Borbóns. Quedando fóra, asegura Villacañas, “a nación republicana e a nación carlista”.

Esta concepción do s. XIX español dá base a unha das teses que esgrimo no libro. A saber: ao meu ver non hai itinerancia entre un Castelao moi influído por Vicente Risco, isto é, tradicionalista, isto é, filo-carlista, e un Castelao demócrata que abandonaría, para tranquilidade dos demoliberais homologados, o legado tradicionalista. Castelao inscríbese nun republicanismo federal progresista, non tradicionalista, no sentido en que o eran os tradicionalistas ou carlistas, pero que teoriza unha idea peculiar de tradición. Unha tradición anterior e alternativa a aquela que conformou o Estado-nación español.

Entre os argumentos que ofrezo no libro, quero resaltar dous que, ao meu ver, teñen especial enxundia:

Un: no pensamento de Castelao hai toda unha articulación dun republicanismo non superficial, senón un republicanismo forte entendido como cultura política, non só como forma de Estado. Este republicanismo de Castelao sería nacionalmente galego, tería feitura ibérica e sería diferente nalgúns aspectos —non en todos— aos tópicos —non todos certos—  que existen sobre o republicanismo francés.

Dous: o republicanismo galego e ibérico que teoriza Castelao non se pode comprender sen a ascendencia que, no Estado español, deixou o sentido común preliberal do tradicionalismo, sentido común que se viu reforzado pola guerra contra Napoleón e pola reemerxencia das sociedades dos antigos reinos cando o Estado e a monarquía esboroaba. Dito doutro xeito: sosteño que se, en certo xeito, o contido do republicanismo liberal está substanciado no Discurso sobre a liberdade dos antigos comparada coa dos modernos, escrito en 1819 por Benjamin Constant, o republicanismo de Castelao pertence á esfera do sentido común republicano previo ao que se desprende do libelo de Constant. É dicir, é un tipo de republicanismo que, sen deixar de ser moderno e de pensarse para unha sociedade moderna, segue sendo moi fiel á concepción da liberdade dos antigos, é dicir, á liberdade propia de sociedades orgánicas pre-individualistas. En certa forma, do republicanismo de Castelao poderíase dicir o que di José María Ripalda da concepción social que profesaba un admirador da Revolución francesa que escribía desde outra periferia “atrasada” como era a alemá. Falo de Hegel, de quen Ripalda asegura que quixo xuntar a Kant con Aristóteles; é dicir, o individuo moral moderno co comunitarismo implícito á polis orgánica do mundo antigo.

Se Constant desterra toda idea de “ben común” e fai pivotar a sociedade só nos individuos autosuficientes, o republicanismo de Castelao está cheo de substancia ética social, colectiva, é dicir, Castelao pensa que a sociedade é algo máis que a suma das morais individuais, considera que a comunidade precede ao individuo e acredita que non hai liberdade se esta non se funda sobre unhas bases materiais que permitan que esa liberdade se poida exercer de xeito efectivo. Así, di Castelao: “A famosa Democracia convértese en tapadeira do vello absolutismo cando o pobo só é soberano no día das eleccións e se limita a súa acción ao campo da política, excluíndoo do poder económico. Tamén é preciso revisar a palabra Liberalismo, que nada ten que ver coa Liberdade”.

Outro dos aspectos do republicanismo de Castelao sobre o que me quero deter tamén ten que ver coa lectura que fai da historia española. Unha lectura caracterizada por unha constante: a gran distancia que existe entre o xeito en que foi construído o Estado, xa desde tempos dos Habsburgo, e a vida dos pobos que, canda o portugués, poboan a Península Ibérica.

Para Castelao, o Estado español foi construído por elites alleas aos pobos. A comezar por Carlos V, rei extranxeiro que chegou acompañado por funcionarios flamengos. O s. XVI asistiría ao levantamento das Comundades de Castela, un movemento republicanizante e contrario á natureza imperial do Estado, que, canda as Germanìes da Coroa de Aragón, albergaba a esperanza de emprender unha revolución proto-burguesa e popular. O gran antecedente destes dous movementos serían os Irmandiños. Se ben Castelao problematiza a revolta Irmandiña ao considerar que a derrota da nobreza galega a maos dos Reis Católicos acabaría sendo contraproducente para as clases populares galegas.

De aí en diante, a construción do Estado español consistiría, cito literalmente a Castelao, “nunha sucesión de frustracións” na que os pobos se verían sempre relegados polas elites imperiais, flotantes e desarraigadas, e nas que o Estado sería impotente para fundarse de xeito coerente co sentir dos pobos que o padecen.

A separación entre sociedade e Estado, ou entre nacións e Estado é, por causa desta lectura histórica de Castelao, fundamental. A gran teima do rianxeiro é pensar unha Hespaña (con H e na que se inclúe Portugal) na que o Estado sexa orgánico ás nacións e nutrido eticamente por estas. Único xeito de que Galiza se poida sentir integrada no concerto español. Único xeito de que, en termos de Antonio Gramsci, se poida imaxinar un Estado español que basee a súa existencia na hexemonía, non na dominación. Porque onde hai dominación a autodeterminación é lexítima.

A concepción do Estado coma un todo é outro dos pousos do republicanismo antigo perceptibles en Castelao. Estado é a suma do ámbito da sociedade civil e do aparato político-burocrático-coercitivo. O fracaso do Estado español consiste na feble vinculación entre o espazo da sociedade civil e o aparato legal.

Esta separación, e aquí vou dicir unhas palabras sobre a relación de Castelao e os republicanos españois, tamén está presente nas forzas progresistas de raíz castelá. De aí que a incomprensión entre os republicanos españois e os galeguistas fose grande. Castelao acabará acusando aos republicanos españois de seren demasiado estatalistas, demasiado institucionais, de estaren máis atentos á pervivencia das estruturas herdadas que de contribuír á irrupción demócratica dos pobos. Unha lección que, ao meu ver, segue estando de actualidade e que aflora con claridade cada vez que a cuestión nacional no Estado español se agudiza.

Quero continuar reflexionando sobre o presente a partir das ideas de Castelao. A vixencia da súa crítica ao Estado español semella obvia. A democracia de 1978, nacida sen momento constituínte popular, é dicir, feita “de la ley a la ley”, como sentenciou un dos franquistas reciclados en demócratas que pilotou a chamada Transición, viviu en relativa estabilidade mentres as condicións materiais e xeopolíticas foron estables, pero desde 2008 vive nun continuo estrés sen solución nin final que xa tivo varios momentos de contestación social (o 15M e o Procès catalán). Síntomas de que a vella separación entre pobos e aparato legal, entre democracia e lei, continúa furando nas entrañas desta parte de Iberia.

A crise moral da monarquía, do sistema de partidos, da xudicatura, da esfera bancario/empresarial, dos medios de comunicación evidencia que os regos profundos diagnosticados por Castelao ao longo da súa obra seguen actuando en 2022.

Pero esta crise vital da lexitimidade ten tamén ramificacións que van máis alá do Estado español. A creación de superestruturas alleas a todo control popular durante a globalización neoliberal empeora as cousas para a causa da democracia, tal e como a entendía o rianxeiro. A utilización da lei como dique de contención das demandas populares —do que o coñecido lawfare é só a punta do iceberg— non é algo exclusivo do Estado español, que ten actualmente, na Constitución do 78, unha trincheira desde a que impedir calquera proceso democratizador. A utilización da lei contra o pobo, propia do ethos liberal desde as súas mesmas orixes, foi patente na terquedade alemá á hora de flexibilizar a letra dos tratados da Eurozona, cando Grecia se aproximou ao precipicio na crise do euro de 2010.

A crise da democracia ten no Estado español causas históricas propias, pero esta non se pode separar da crise da democracia liberal á que hoxe asistimos. Unha crise que, para ser sorteada sen que a propia democracia desapareza, só pode percorrer un camiño: dar a voz á xente para que se implemente o que a xente quere. No Estado español, aos pobos. O republicanismo democrático e comunitarista de Castelao é un revulsivo para unha democracia excesivamente formalista, afastada e individualista que hoxe vai á deriva.

Apenas dúas pinceladas máis sobre outros temas de actualidade que aparecen en Castelao e que me gustaría mencionar.

O de Rianxo acreditaba nunha idea de progreso diferente á do progresismo mecanicista. Unha concepción que puña entre paréntese que cousa debía ser entendida coma progreso e cal como atraso. Mais unha concepción que non caía no reaccionarismo. Algo moi pertinente para estes tempos de límites físicos do planeta e de deterioro dos ecosistemas.

Por outra banda, Castelao profesaba o que Antoni Domènech chamaba “republicanismo fraternal”, e que este explicaba a través da importancia da metáfora da casa e da familia. É este o republicanismo dos irmáns e irmás —de aí a fraternidade—, das mulleres e dos escravos suxeitos á lei de familia e non á lei civil e considerados menores de idade tutelados polo Pater familias, o amo. Do domus patriarcal, do oikos, vén a palabra oikoconomia. Castelao di, textualmente, que "non é o mesmo gobernar unha familia que un conxunto enorme de familias, dirixir a economía dunha casa que a economía común dunha moitedume de fogares” e sinala que o Estado español se comporta como se tivese a “patria potestade” sobre os pobos que viven baixo o seu xugo.

Kant dixo que a Ilustración era a saída da humanidade da minoría de idade. Pero a ideoloxía ilustrada tamén serviu como cobertura intelectual para que o sistema económico e os rexímenes sociopolíticos oprimisen e explotasen ás mulleres, aos homosexuais, aos pobos subalternos, aos racializados e aos ecosistemas.

A loita dos de abaixo consiste en saír da opresión da casa, para ser recoñecidos coma suxeitos “fóra do armario”, fóra do ámbito doméstico, no espazo público, na Historia. Iso é no que consiste politizar un problema. Sacalo do oikos, onde está oculto, e poñelo á luz da polis. O republicanismo de Castelao, por conter ese carácter fraternal, é tamén unha invitación a pensar a pluralidade do suxeito republicano actual.

Anímovos a que descubrades este Castelao lendo o libro. Un Castelao que, tras este estudo, axigantou a súa talla aos meus ollos. Un Castelao do que se pode dicir, sen rubor, que era un filósofo político sólido. Alguén que sabía o que estaba dicindo.

Que vos resulte proveitoso.

Moitas grazas pola vosa atención.

 

 

No hay comentarios: